Capítulo 3
El inicio de todo
Sasuke
No puedo creer que nos hayan emboscado de esta manera. Se supone que sería una simple misión de escolta, donde nada más con la Hyuga y conmigo bastaba. Estaba claro que Kakashi me mandó para hacer doble trabajo: cuidar del importantísimo comerciante, y de la princesa del Byakugan. Eran un fastidio, pero pensé que sería fácil mantener un ojo en esos dos mientras caminaban frente a mí, no había razón para que decidieran atacarnos. No si eran lo suficientemente listos.
Lástima por estos cinco intentos de shinobi que ahora reposaban frente a mí. O bueno, por lo menos sus cuerpos inertes. No me dieron opción, no quisieron detenerse y habían atacado a la Hyuga sin contemplación. Además de golpear al tipo que escoltábamos. Y esa sería toda la explicación que le daría al sexto Hokage cuando preguntara si fue necesario asesinar a esos sujetos.
Un lastimero gemido se hizo escuchar, y cuando giré a comprobar de quién se trataba, maldije al entender que era de mi, por ahora, compañera de equipo. El tipo que nos acompañaba la miraba desde unos metros de distancia, alarmado por la sangre que salía de la boca de Hinata, y la muy notable mancha de sangre que tiene su ropa en la parte de su hombro izquierdo.
No tenía tiempo que perder, me acerqué a ella y presioné en su herida para evitar que la hemorragia siguiera. Ella se quejó de dolor, apenas y mantenía sus ojos abiertos y sus respiraciones se volvían cortas y pesadas. Arranqué una parte de mi capa para cubrir su herida y cargarla en mis brazos.
-¡Hey… tú! -Lo llamé, no me había interesado en aprender el nombre del tipo que escoltábamos. Él me miró con miedo, probablemente por ver como mataba a sangre fría a los estúpidos que nos atacaron-. Necesito llevarla a que la curen, y tú me tienes que seguir. Necesito que te muevas rápido y no te quedes atrás. Porque si nos vuelven a atacar, mi prioridad será llevarla a ella primero ¿Entiendes?
Después de todo, ella era una ninja de La Hoja, aldea que yo juré proteger en honor a Itachi.
Vi al pobre hombre asentir efusivamente, y seguirme lo más rápido que podía mientras yo corría con Hinata en brazos. En algún momento del camino se quedó inconsciente, y esperaba que no muriera porque eso podría traerme muchos problemas con el Clan Hyuga.
Visualicé una pequeña aldea a unos metros, encontrando primeramente una posada en la que no dude en entrar y ordenar que buscaran a alguien rápido que atendiera a mi compañera. Me fijé en que el comerciante siguiera con nosotros, y así era, para después entrar en la habitación que me indicaron y ver cómo atendían a la Hyuga delante de mí, curando su herida lo mejor que podían, puesto que los médicos que aquí había no estaban tan preparados a nivel de Sakura o la quinta Hokage.
Lograron detener el sangrado y cerrar su herida, le inyectaron una especie de anestesia para el dolor, y después me indicaron que ella debía descansar. Asentí, sin decir nada más. Nos dejaron solos, puesto que minutos antes el comerciante se había retirado a otra habitación, y yo me quedé analizando la imagen frente a mí.
Hinata Hyuga no hubiese sido mi primera elección como compañera de equipo, casi no la conocía, por no decir que realmente era poco lo que recordaba de ella, además de las pocas veces que Naruto me obligaba a acompañarlo en las reuniones de novatos que hacían. Pero desde que comencé en esta misión, y me permití examinarla a consciencia, acepté que es una joven muy hermosa. La peculiaridad de sus ojos blancos, característicos de su clan, no le quitan el atractivo, al contrario. Tiene una larga melena muy bien cuidada y suele dedicar sonrisas sutiles a todo el mundo, con amabilidad. Se sonroja ante cualquier mínimo alago, o si alguien se le acerca demasiado, y suele tartamudear seguido.
Todo eso lo había notado, durante los dos días que llevábamos de misión. Cada hora que pasaba junto a ella, entendiendo que no era igual a las molestas chicas que me persiguen en la aldea, calmaba un poco más mi irritación al comprobar que no se me lanzaría encima como todas. Y ciertamente era muy útil su presencia, puesto que era la intermediaria perfecta entre el estúpido comerciante y yo. Y, además, por qué ocultarlo, me intrigaba su manera de ser, de actuar. Comencé a provocarla a propósito, a acercarme más de lo necesario y dispararle ocasionales comentarios que se podían malinterpretar. Y descubrí, que me encanta hacerla sonrojar, a pesar de que cada vez huía nerviosa de mí.
Ahora, lo que no me imaginaba de ella, era la figura que esconde debajo de sus grandes ropas. Le habían quitado su chaqueta y roto su camisa de rejilla a la altura del hombro, para curar la herida. Dejando ver la voluptuosidad de sus pechos, su abdomen plano y caderas anchas. Su cuerpo estaba ejercitado por las actividades ninja, y a pesar de las heridas que seguramente ha sufrido en misiones durante su vida, su piel parecía perfectamente cuidada, como porcelana.
Se veía tan frágil y delicada, ahí acostada con su cabello esparcido descuidadamente por la almohada, con un rostro tan tranquilo, ajeno a lo que había sufrido hoy. Me recriminé por haber permitido que la hirieran, mi deber era cuidarlos y fallé, por lo menos con ella.
Y no sé si esa esa es la razón por la cual no puedo dejar de mirarla, si es por culpa, o porque realmente me sorprende lo hermosa que es la heredera Hyuga. Ya sabía de su belleza, pero poder ver más allá de lo que suele mostrar… era completamente diferente. No encuentro motivo para moverme de mi lugar y salir, pero sí muchos deseos de acercarme y comprobar la suavidad de su piel. La recordé sonriéndome esa misma mañana, y podía imaginar que ahora mismo lo volvía hacer, pero esta vez en este lugar, en esa cama, mirándome desde su posición. Y la imagen mental que se creó fue suficiente para alterarme.
Sé que estoy siendo inapropiado al observarla de esta manera cuando se encuentra inconsciente y lastimada, pero dudo que tenga otra oportunidad como esta con la Hyuga…
¿Pero qué estoy pensando?
Resoplé, mirándola por última vez antes de salir de la habitación.
Hice guardia toda la noche, acudiendo cada hora a la habitación de la Hyuga para corroborar que no hubiese empeorado. También pagué por nuestra estadía aquí, supongo que tendremos que retrasarnos por lo menos un par de días para dejar que Hinata mejore. O si no, tendré que informar a Kakashi para que alguien venga por ella, y yo terminar con la misión.
Algo en mí no quería tener que dejarla en manos de otro. Pero sé que estoy siendo irracional, no hay razón para comportarme de esta manera.
En la mañana comprobé que todo estuviera bien con el comerciante, cuyo nombre ahora sé que es Shin, y le expliqué que por lo pronto permaneceríamos en la posada. Para mi fortuna, no se opuso, porque mi humor no estaba para tratar con tipos fastidiosos. Para eso había venido Hinata.
Fui por algo de comida y regresé a la habitación de la Hyuga que, para mi sorpresa, estaba despierta.
De alguna forma logró sentarse en la cama y tiene su mano posada delicadamente sobre las vendas que cubren su herida. Sus ojos se enfocaron en mí, y pude ver como el alivio apareció en su mirada.
—Uchiha-san —Murmuró con la voz quebrada, seguramente por el sueño, y no pudo sonar más atractivo en ella.
—¿Cómo te sientes? —Pregunté dejando la comida sobre una pequeña mesa en la habitación. Para luego mirarla atentamente, esperando su respuesta.
—D-duele —Murmuró con una ligera mueca en su rostro— Pe-pero e-estoy bien.
Hizo ademán de levantarse de la cama, pero inconscientemente se apoyó del brazo izquierdo, donde mantiene su herida en el hombro, y volvió a caer sobre la cama con una mueca de dolor, mirando como en la venda se creaba una pequeña mancha de rojo. Me apresuré a llegar a su lado y ayudarla a recostarse suavemente.
—Debes guardar reposo, Hyuga.
—¿Shin-san e-está b-bien? —Indagó con preocupación.
—Sí, aunque creo que quedó traumado al ver como asesiné al grupo de renegados —Sin saber por qué, me encontré diciéndole lo que realmente pensaba de las miradas cautelosas que me dirigía aquel tipo.
Hinata sonrió débilmente, buscando una posición más cómoda para su cabeza sobre la almohada.
—P-para mí, t-todavía es i-impresionante verlo en a-acción, U-Uchiha-san —Confesó levemente sonrojada— E-entiendo c-cómo se siente Shin-san.
—¿Me tienes miedo? —Alcé una de mis cejas mirándola fijamente, no quiero que me tenga miedo.
—N-no —Negó con su cabeza, sonrojándose mucho más.
—Hmp —Me senté en la cama a su lado, a la altura de su cadera, y me incliné un poco hacia ella. Sus ojos estaban muy abiertos, sorprendidos y expectantes por tenerme muy cerca. Quería tocarla, pero no sería adecuado. Esta mujer comenzaba a atraerme, llamarme de una manera en la que quería ceder y sabía que no podía. Joder, ¿Por qué no podía? ¿Por qué es la primogénita de Hiashi Hyuga? ¿Por qué es muy buena? ¿Eran esas razones suficientes? Tal vez en otra época nada de eso hubiese importado, y ya estaría en este instante cediendo ante mis deseos. Pero ahora soy un ninja de La Hoja, debía comportarme, tal como Itachi quería… Solo que, Itachi no podía desaparecer los años que pasé lleno de rencor y con sed de venganza, esos años fueron suficientes para dañar mi estabilidad mental.
—¿U-Uchiha-san? —Su dulce voz me sacó de mis pensamientos. Sus grandes ojos perlas me miran con detenimiento, curiosos. Resoplé apoyando mis codos sobre mis rodillas, no era momento para recaer en mis malos hábitos del Sasuke de dieciséis años.
—Debes comer —Me paré sin mirarla y fui a buscar la comida que había traído. Ella necesitaba sentarse para comer, por lo que con cuidado la ayudé a sentarse contra el cabecero de la cama, y le coloqué el plato de comida sobre su regazo.
—Gracias —Musitó con una dulce sonrisa. Oh nena, deja de sonreírme así. No tientes al demonio.
Gruñí mirando a otro lugar de la habitación, mientras me disponía a comer en el suelo. No puedo quedarme con ella en la cama, tan cerca, mucho menos si me sonríe de esa manera que solo me incita a corromperla. A invadir cada espacio de su ser, de su cuerpo, de su mente…
¡Basta!
Comimos en silencio, sorpresivamente no fue incómodo, y la Hyuga no es alguien molesta que busca conversación o hace ruidos estridentes. Eso lo sé por los días que llevamos de misión. Sus movimientos son más elegantes, suaves, propios de una princesa. Ciertamente no he conocido antes alguien como ella, y no me irrita como pensé que lo haría, al contrario, me atrae. Me atrae esa pureza reflejada en su mirada, la ingenuidad que tiene ante algunas actitudes de los hombres, la dulzura en sus sonrisas, en sus gestos, la amabilidad que intenta tener con todos, incluso conmigo, así como también lo fuerte que es para ocultar su verdadero dolor. Como ahora lo hace.
Sé que no está tan bien como dice, las ligeras expresiones en su rostro que intenta no hacer tan notorias, me lo demuestran.
No entiendo por qué en su clan la señalan como débil.
Al ver que dejó el plato a un lado, me dispuse a tomarlo. Sin embargo, todavía tiene comida. La miré con el ceño fruncido, no comió mucho, y siento el impulso de ordenarle que termine de comerse todo. Pero no lo hago, ¿Por qué habría de hacerlo?
Resoplé, y dejé los restos sobre la mesita cerca de la puerta. Debería ir a revisar que el comerciante no se haya metido en problemas, pero mis pies no se mueven fuera de la habitación.
—¿U-usted está bien U-Uchiha-san? —Su voz me hizo cerrar los ojos por un par de segundos antes de contestarle.
—Sí.
Al abrir los ojos, ahí estaba ella, sosteniendo sus manos delicadamente sobre su regazo, con la camisa rota mostrando la venda que tenía en el hombro pero que se ajustaba perfectamente a la curvatura de sus senos, su cabello despeinado cayendo sobre su espalda y pecho… ¡Joder! Y como si fuera poco me veía con esa mirada de cachorrito, desde abajo, pestañando sutilmente como si se tratara de una acción en cámara lenta. Sus labios entreabiertos, rosados y llenos, que en un segundo se mordió nerviosa, probablemente por ser el centro de mi mirada. ¡Detente Hyuga!
—M-me alegro q-que no s-saliera l-lastimado —Volvió a sonreírme. Eso, sumado a su sincera preocupación, fueron suficiente chispa para hacer explotar mi cordura.
En dos largos pasos ya estaba frente a ella, me senté a su lado, muy cerca de su rostro, y lo tomé en mis manos. Cedí ante mis impulsos, comprobé con mis propias manos la suavidad de su rostro. Y sí, es tan delicada como parece. Me deleito casi obsesivamente delineando sus pómulos con mis pulgares, y mi admiración crece cuando su sonrojo aparece.
Su boca se abre ligeramente, jadeando. Sus ojos no parpadean, ni me quitan la mirada. Y sus brazos permanecen tensos a sus costados. Sé que está nerviosa. Pero nena tú me provocaste.
Bajo mis manos hasta su cuello, sosteniendo su nuca con una mano y con la otra delineando su clavícula sobre la camisa. No aparto mis ojos de los suyos, ni siquiera cuando sostiene mi muñeca. Sonrío ladinamente, ella también siente atracción por mí. Lo puedo notar en su mirada, y en la forma que me agarra fuertemente, pero sin apartarme. Nena tú no quieres que me aparte.
La mano que sostenía su nuca baja un poco hasta adentrar mis dedos entre el cuello de su camisa. No tengo mucho espacio para tocar, pero la camisa cede ante mí, con un leve sonido de desgarre por la parte que ha sido rota, y por un momento pienso en terminar de arrancársela, sin embargo, no lo hago. Con lo que logro tocar es suficiente para saber, que la piel en su espalda también es suave. ¿Será así en todo tu cuerpo Nena?
Quiero averiguarlo.
—U-Uchiha-san —Su voz, salió en un jadeo que intentó detener apretando sus labios para luego pasar saliva de manera forzosa— N-no debería t-tocarme a-así.
—¿Por qué no? —Pregunté con desinterés, acercando mi rostro a su cuello para olfatearla. Aspirar ese toque de lavanda que ya había percibido en ella antes. ¿Desde cuándo me has hechizado Hyuga?
—N-no es c-correcto —Musitó, debilitando su agarre en mi muñeca. Sé que lo hace inconscientemente, pero ladea su cabeza dándome más acceso a su cuello, el cual aproveché para rozar mis labios y dejar algunos besos en esa zona. Gruñí al notar que se erizaba. Maldita sea, me deseas Hinata.
—Tu cuerpo me dice lo contrario —Volví a tomar su nuca, obligándola a mirarme. Sus labios rosados me llaman, necesito probarlos… reclamarlos. No me alarmo ante mis pensamientos, quiero hacerlo y lo haré.
Sin embargo, Hinata no me deja. Gruño frustrado cuando gira su rostro, nerviosa, apartándose un poco de mí.
—N-no —Suspiró temblorosa— N-no está b-bien, Uchiha-san.
A pesar de su negativa, no la solté. Mi orgullo me gritaba que me fuera de aquí, pero no podía. Hinata me atrae, demasiado, y no puedo simplemente dejarlo pasar. Debo tenerla, como sea. Sonreí maliciosamente al trazar un plan para llegar a ella, no sabes lo que has provocado Hyuga.
Ante mi silencio, gira su rostro tímidamente hacia mí. Temerosa, nerviosa, sin apartarse por completo de mi toque. Para calmar mi necesidad creciente de ella, volví a acariciar sus mejillas sonrojadas con mis pulgares, mirando con atención su expresión, cómo detenía su respiración por segundos antes de volver a recordar que debía seguir respirando.
Sé que también te afecto Hyuga, ¿Por qué no lo aceptas?
Con firmeza sostuve su rostro para poder acercarme a ella sin que se apartara otra vez. Sus ojos se abrieron alarmados, y su respiración se aceleró. Si quiero puedo besarla aquí y ahora, tomar de ella lo que me plazca, pero no lo haré todavía. Ella está herida, y a pesar de que sé que comienza a desearme, se encuentra cohibida y muy nerviosa.
Junto mi nariz a la suya, aspirando bruscamente para controlarme y no terminar por juntar nuestros labios.
—Voy a tenerte, Hyuga —Le advertí— Y no podrás evitarlo.
Por el bien de los dos, me obligué a salir de esa habitación llevándome los restos de comida, y dejando atrás a una desconcertada Hyuga que parecía no terminar de procesar todo lo que le había dicho y hecho.
Prepárate nena, estoy decidido a reclamarte.
…
La Hyuga me miró consternada por mi abrupta entrada a su habitación. Habían pasado cuatro días desde que la hirieron, y dos desde que habíamos dejado al comerciante en su aldea natal. No me había acercado a ella más que para ayudarla cuando lo necesitaba o darle indicaciones de lo que haríamos en la misión. Por suerte, el mismo día que le di mi advertencia, un ninja médico de La Arena apareció en la posada con su equipo, y pudo cerrar la herida de Hinata. Lo que permitió que ella pudiese acompañarme a culminar nuestra misión.
Ahora, por decisión propia, volvimos a hospedarnos en la misma posada donde la atendieron. Había notado durante todo el camino su mirada curiosa, estuvo muy atenta a mí, como a la espera de algo. Y a pesar de ser cautelosa, podía ver el anhelo en sus ojos. Su sonrojo cuando me acercaba, y su decepción cuando no la tocaba.
Porque no nena, no podía tocarte todavía. No si quería conservar mi autocontrol. Tú todavía estabas recuperándote.
Pero ya me contuve suficiente. Ella me sonreía tan dulce cuando podía, cocinaba para mí, no se alejó como pensé que lo haría después de mi arrebato. Sé que también quiere lo mismo que yo, solo que no se atreve a hacerlo, o pedirlo. Nunca lo hará si yo no tomo la iniciativa.
Y estoy más que dispuesto a tomar la iniciativa.
Azoto la puerta detrás de mí y me acerco a paso rápido hasta su delgado y frágil cuerpo, parado frente a la cama, con un simple pijama de color lila que no cubre exageradamente su cuerpo, como lo hace su ropa de misiones. La tomo de la cintura, pegándola a mi cuerpo, saliendo un gritito ahogado de sorpresa de sus apetecibles labios que ahora mismo están entreabiertos.
¡Joder nena! Tus ojos impresionados, tus mejillas sonrojadas, y esa manera delicada en la que posas tus manos sobre mi pecho… ¿Quieres provocarme? ¿No sabes el deseo que despiertas?
Esa ingenuidad e inocencia suya es la que me enloquece, me llama a corromper su pureza una y otra vez, sabiendo que siempre la tendrá y puedo volver a intentarlo una vez más.
—Sa-sasuke-kun —Maldita sea nena, mi nombre en tu suave y nerviosa voz suena excitante, puedo ver en tu mirada que tú misma no te esperabas decirlo.
Y ya no puedo más, como si escucharla nombrarme hubiese sido el detonante, me abalanzo a su boca para reclamarla como mía. Sostengo su nuca para evitar que rompa el beso, ella está paralizada, quizás asombrada de la forma tan desesperada en la que saboreo sus labios. Pero lo siento nena, no hay más, esto fue lo que desencadenaste.
La Hyuga parece recobrar su raciocinio puesto que siento como intenta apartarse de mí, sin embargo, no es algo que planeo permitir. Ya firmaste tu sentencia al mostrarme la dulzura en tu sonrisa, ahora quiero que sea solo para mí ¿No lo entiendes?
Afirmé mis manos en su cuerpo, y mordí su labio inferior logrando que me diera el acceso que tanto deseo, para explorarla con mi lengua. Sé que intenta hacerle caso a su razón, pero a medida que el beso se profundiza y la mano que tengo en la cintura comienza a acariciarla, soy testigo palpable de cómo su cuerpo se relaja y se deja hacer por mí. Tratando de corresponderme como puede, algo torpe, pero igual de excitante para mí.
Sé que ella no debe tener experiencia, y eso me incita más a demostrarle todo lo que le puedo causar solo con un beso. Me separa solo unos centímetros para tomar aire, y es imposible que no sonría arrogante ante la vista de sus rojos e hinchados labios que intentan tomar a grandes bocanadas todo el oxígeno que le privé. Su respiración acelerada hace que su pecho choque con el mío, porque malditamente no la he soltado, y me encanta tenerla presionada contra mí. Su mirada consternada choca con la mía, y a pesar de las dudas puedo encontrar el deseo en ese par de perlas que tiene por ojos.
Yo te causé esto nena, y es solo el principio.
Con una delicadeza de la que no sabía que era capaz de tener, trasladé mi mano desde su nuca hasta su rostro, acariciando suavemente su mejilla antes de atraer nuevamente su boca con la mía. Esta vez, me obligo a no dejarme llevar por mis instintos primitivos, sino que tomo sus labios en un lento y delicado beso que ella me corresponde de inmediato. Sin trabas, ni arrepentimientos. Ella me está besando, rodeando mi cuello con sus brazos y se siente tan bien tenerla de esta manera, mucho mejor de lo que mi enferma mente ha imaginado todos estos días. Es imposible alcanzar a imaginar a la perfección la sensación de su cuerpo adherido al mío, la suavidad de sus labios, de su piel… Nena me estás destruyendo.
A pesar de que el beso es tranquilo, es lo suficientemente bueno para que mi deseo no se aplaque, al contrario, crece. Y yo la necesito ahora. Introduzco mis dos manos debajo de la delgada tela de su blusa, y gruño de satisfacción al sentir la calidez de su piel, sin nada de por medio. Hinata se estremece ante mi toque, pero no me aparta, solo se aprieta más contra mí y creo que casi puedo sentir el rápido palpitar de su corazón.
Llevo mis labios a su cuello, donde trazo un camino de besos hasta el hombro en el que fue lastimada. Ahora solo es visible una pequeña cicatriz, que según los médicos no tardará en desaparecer completamente, y realmente espero que sea así, no quiero ese tipo de marcas en su perfecta piel, aunque es indudable que, a pesar de tenerla, no le resta su belleza.
—¿Te duele? —Le susurro sin apartarme du su hombro, lamiendo la piel que consigo en mi camino.
—N-no —Suspira, aferrándose a mi cabello— S-Solo siento u-una lige-ra m-molestia… a-a veces.
No necesito escuchar más. En un ágil movimiento, la acosté sobre la cama procurando ser cuidadoso. Sus ojos me buscaron inmediatamente, y yo solo me incliné sobre su cuerpo para besarla, acariciándola en su abdomen, para que se tranquilizara.
Nena no tienes que estar nerviosa.
Poco a poco sentí que se relajaba. Tomé los bordes de su camisa y la fui subiendo lentamente sin dejar de besarla. Inevitablemente tuve que separarme para terminar de quitarla, y casi me quedo sin aliento al ver sus generosos pechos siendo contenidos por un sostén de color blanco. Un color tan puro como ella lo es. Sin perder tiempo, tomé sus pechos en mis manos, masajeándolos, robándole jadeos a una muy avergonzada Hyuga. Pero no es suficiente, yo quiero escucharla gemir. Quité la prenda íntima que se interpone entre sus pechos y yo, dejándola en algún lugar del suelo, sin embargo, Hinata se apresuró a taparse con sus manos. Mucho más roja si eso era posible.
—Y-yo… A m-mí n-nunca… N-nadie me ha visto desnuda —Terminó de decir, atropelladamente.
La miré al instante. Su pecho sube y baja de lo agitada que está, y todavía no la he tocado demasiado. No obstante, lo que me detiene por unos segundos, es su confesión. Si bien ya me imaginaba que nunca había estado con ningún hombre, por las restricciones de su clan y lo disciplinada que es, tener su confirmación no hace más que aumentar mi orgullo masculino. Ahora mi deseo por ella es mucho mayor, porque sé que nadie la ha tenido. Y malditamente quiero ser quien la tenga ahora. Quiero que sea mía y solo mía.
Quito mi chaleco y camisa rápidamente, quedándome solo en pantalones. Colocándome arrodillado entre sus piernas.
—Eres hermosa —Le digo quitando sus manos de sus senos, y es mi turno de jadear ante la vista que se revela para mí— ¿No te das cuenta de lo que me provocas, nena? ¿No te das cuenta de que me tienes sufriendo dolorosamente por todo el deseo contenido que te tengo? —Retuerzo entre mis dedos uno de sus pezones, gentilmente, mientras que me recuesto sobre su cuerpo para besar y lamer su pecho libre, procurando dejarle una que otra marca. Marcarla como mía —Y sé que tú también me deseas, tu cuerpo se eriza con mi toque —Hinata gime ante mis caricias, arqueando su espalda hacia mí, cediendo ante sus deseos, excitándome mucho más— Déjame tenerte —Le pido, llevando mi boca hacia su otro pecho y comenzando a masajear el que acabo de soltar —Sé mía, Hinata.
—Y-yo… —Gime interrumpiéndose, por el empuje de mi miembro contra su sexo. ¡Joder! Aunque tenemos todavía ropa puesta, se sintió muy bien. La necesito.
Me separo de su cuerpo, para quitarle esos minúsculos pantalones conjuntamente con sus bragas. Lo siento nena, ya no puedo esperar. Yo también termino de desnudarme bajo su atenta mirada avergonzada, le sonrío de lado y me posiciono sobre su cuerpo. Beso sus labios con desesperación, quiero transmitirle lo necesitado que estoy de ella, que sienta lo duro y listo que me tiene para reclamarla como mía.
Comienzo a rozar nuestros sexos, y reprimo los gemidos de Hinata con mis besos. Separo sus piernas con mis manos, acariciando sus muslos, hasta llegar a su cálido centro. Hundo mis dedos entre sus pliegues, comprobando que está húmeda por mí, y cuando me aventuro a introducir solo un poco uno de mis dedos en su entrada… ¡Oh nena, eres tan sensible! Me rodeó con sus brazos hasta enterrar sus uñas en mi espalda.
—Di que eres mía, Hinata —Le ordeno, sin dejar de acariciarla en su intimidad, logrando que se humedezca mucho más, y mi miembro crezca exigiendo atención. La veo intentar hablar, pero no encuentra las palabras, o simplemente está perdida en sus sensaciones, por lo que detengo mis acciones y sonrío arrogante ante la mirada desconcertada que me da— Dilo —Le exijo nuevamente.
—S-soy… tuya —Suspiró, apretándose contra mí, el deseo resplandeciendo en su mirada— P-por favor Sa-Sasuke-kun… Hazme tuya.
Con un gruñido me introduje en ella duramente, arrancándole un grito de sus labios mientras me aprieta con fuerza y arquea su cabeza hacia atrás. Cierro los ojos unos segundos intentando contenerme, la sensación de estar en su interior es exquisita. Es tan estrecha, cálida y húmeda, solo quiero dejarme llevar y penetrarla como loco, con rapidez y dureza. Pero es su primera vez y tengo que dejar que se acostumbre a mí.
Cuando siento que ya es suficiente, y que necesito moverme cuanto antes, me salgo de ella para volver a entrar de la misma forma y escuchar otro de sus gritos. Desde ahí no puedo parar, la sostengo entre mis brazos mientras la penetro y beso la piel de su cuello, tratando de hacerlo más placentero para ella, y quitar su dolor. Hinata busca mis labios, y le concedo el beso que quiere. En cuestión de segundos, sus gemidos se hacen más notorios y yo tomo el impulso de tomarla mucho más fuerte. He estado conteniéndome por días, y ella ha sido una tentación muy grande, por lo que no es de extrañar que la haga mía de una manera abrupta y descontrolada. Y es malditamente excitante que ella lo disfrute, que acepte mis embestidas y se entregue a mí completamente.
Si antes ya habías firmado tu sentencia, ahora solo estás confirmándolo nena.
—Eres mía, Hinata —Empujo contra ella, mordiendo y besando su cuello. Dejando salir esas palabras posesivas que me consumen— Solo mía.
—Tuya… —Responde sin aliento. Sus manos me acarician la espalda de una manera cadenciosa, delirante, enterrándome por momentos sus uñas cuando la sorprendo embistiéndola con un poco más de fuerza. Siento como su interior comienza a apretarme, y sus gemidos se hacen más constantes, hasta que se libera en un orgasmo desgarrador, dejándome saber lo intenso que fue a través de sus gritos ahogados y gemidos. Yo no estoy listo para dejarme ir todavía, no quiero salirme de su interior todavía, por lo que me hago de todo mi autocontrol para no derramarme en ella cuando me aprieta tan deliciosamente.
Todavía no tengo suficiente de ti, nena.
Acaricio su abdomen, subiendo mis manos hasta tomar sus pechos y estrujarlos en mis manos. Continúo moviéndome, pero de una manera más suave, adentro y afuera, lentamente hasta que regrese de ese viaje de éxtasis en el que se sumergió. La beso, reclamando su atención, sé que ella es capaz de sentir lo duro que estoy todavía, y no pasa mucho para que responda a mis caricias, a mi beso, ella vuelve a ser tan sensible para mí y se deja hacer tanto como quiero.
Subo sus piernas a mis hombros, para obtener la profundidad que tanto deseo y nuevamente la embisto de manera desenfrenada, no hay otra manera, solo yo dejando salir mis impulsos. La habitación se llena de nuestros gemidos y jadeos, y el constante movimiento de la cama ante mis empujes. No me interesa, aquí y ahora solo soy yo reclamando a la mujer que me ha enloquecido hasta llegar a este punto, demostrándole que es mía a pesar de que ya lo ha dicho, y no puedo evitar repetírselo una y otra vez, y la obligo a que me lo diga ella la misma cantidad de veces.
—¡Sasuke! —Grita cuando nuevamente es embargada por el placer de otro orgasmo, y esta vez yo la acompaño, dejándome ir en su interior con un gruñido que deja en claro mi satisfacción. Me desplomo sobre su cuerpo, apretujándola contra la cama, pero no se queja. Solo me abraza y acaricia mientras yo permanezco ahí, deleitándome con su aroma ahora mezclado con el mío, y tocándola igualmente, porque parece que no puedo dejar de hacerlo.
Unos minutos después, me salgo de su interior con cuidado, para posicionarme a su lado y atraerla a mi cuerpo, hasta que la tengo parcialmente sobre mi pecho. Con mi dedo índice subo su mentón hasta que me mira, se nota somnolienta pero su sonrisa es verdadera, satisfecha, y yo no puedo más que besarla perezosamente hasta que la siento caer en la inconciencia. Joder, esta mujer me ha sorprendido. La deseaba, pero ahora que la he tenido siento que no es suficiente, y quiero seguir teniéndola. Despierta en mí una lujuria indescriptible, así como también una posesividad que nunca había sentido. Quiero que sea mía, y ella repitió muchas veces esta noche que lo era.
—No te dejaré olvidarlo, Hyuga —Beso su mejilla, arropándonos a los dos y sosteniéndola en mis brazos. Permitiendo quedarme por primera vez dormido a su lado.
…
Hinata
—Te mueves mucho, Hyuga —Me estremezco ante su voz adormilada, dejando de retorcerme entre sus brazos. Hace unos minutos me desperté entre sus brazos, y confieso que, a pesar de la vergüenza de saberme desnuda, me quedé embelesada observando lo hermoso que es. Su piel pálida, su cuerpo marcado, y su cabello oscuro hacen una perfecta combinación que me atonta, me atrae de una manera inexplicable, que no pensé posible. Y sus ojos, que ahora mismo se abren para observarme, son tan intimidantes y seductores al mismo tiempo— ¿A dónde pensabas ir?
—A-al b-baño… U-Uchiha-san —Murmuré desviando la mirada. Sus ojos me llenan de nervios, aún más ese poderoso Rinnegan que ganó en la Cuarta Guerra Ninja. Sus manos se afianzan en torno a mi cintura, impidiéndome irme, y recordándome una vez más la inexistencia de ropa.
—¿Uchiha-san? ¿Qué pasó con Sasuke-kun? —Su pregunta me hizo enrojecer, atreviéndome a mirarlo, encontrándome esa sonrisa de lado de la cual he sido testigo estos días de misión— Olvida la formalidad, Hinata.
—D-debo ir a-al b-baño… Sasuke-kun —Complacido con la forma en la que le nombré, de un movimiento ágil me coloca debajo de su cuerpo.
—No huirás todavía, nena. Debes darme algo primero —Ladeo mi cabeza confundida, no sé a qué se refiere, pero todo queda aclarado cuando une sus labios con los míos, en un beso delirante que no puedo evitar corresponder de inmediato. Él tiene algo que me atrae, que me tiene deseándolo y no puedo evitar caer en sus provocaciones.
Desde que comenzamos esta misión he transitado un camino que no pensé nunca tomar. Un camino en el que mis ojos comenzaron a mirar más al compañero a mi lado, analizando sus gestos y aprendiendo sus significados, asombrándome de sus habilidades como ninja, hasta llegar a sentir su deseo por mí, incitándome a ese juego de placer del que no me arrepiento nada. Porque sí, no me arrepiento de entregarme a Sasuke-kun.
—Mejor ve al baño antes de que te haga mía de nuevo —Sentí como se levantó de mi cuerpo, y por un momento quise abrazarlo para que no se alejara, pero mi timidez me lo impidió. Cabizbaja, me paré de la cama cubriéndome como podía con las sábanas, no me siento con la confianza de volver a mostrarle mi cuerpo desnudo a consciencia, sin los efectos de la lujuria y el deseo. En cambio, él no tiene ningún pudor mientras se pasea por la habitación recogiendo su ropa. Nunca había visto un hombre completamente desnudo, pero estoy segura de que no todos deben verse tan bien como él— Si no dejas de mirarme así, volverás a esa cama Hinata.
¿En qué momento se acercó tanto?
Me arrancó las sábanas que sostenía con tanto esmero contra mi cuerpo. Sentí mis mejillas enrojecer casi instantáneamente, mientras mis manos trataban de cubrir mis zonas más íntimas como podían.
—Y-yo…
—No hay nada en tu cuerpo que no haya visto u admirado ya, Hyuga —Posa sus manos en mis caderas, atrayéndome a su cuerpo— Eres hermosa, y tu cuerpo me hace arder en deseo. No quiero que te cohíbas frente a mí.
Solo atiné a asentir, antes de que nuevamente me besara de esa manera tan única de la que me estoy acostumbrando en tan poco tiempo. Sus manos subieron por mis costados, acariciando suavemente el contorno de mis pechos, haciéndome gemir en el proceso. Lo escucho gruñir y de un momento a otro ya no lo tengo junto a mí.
—No tengo mucho autocontrol contigo, al parecer —Dijo con frustración, casi parecía molesto, pero sus palabras me hicieron sonreír tontamente— Es la última vez que te lo digo Hyuga, ve antes de que vuelva a poseerte.
Como un resorte reaccioné, entrando en el baño y cerrando detrás de mí. Me apoyé contra la puerta viendo mi reflejo en el espejo, y jadeé de la impresión. Estaba desnuda, eso estaba claro, pero en mis pechos eran visibles marcas rojizas, recuerdos de lo sucedido anoche que no se irían tan fácil. Eran varias en cada pecho, incluso hay una pequeña por mi cuello, que me alivia saber que podré cubrirla con mi ropa. Y de pronto, soy plenamente consciente de lo que he hecho.
No es que antes no lo fuera, sino que ahora veo el peso de mi decisión.
Es cierto, que comencé a sentirme atraída por el Uchiha, buscándolo a veces con la mirada, admirada por su cualidades y curiosa de esa soledad que destila en su mirada. Me entristecía sentir que estaba muy solo, y de alguna forma yo quería ayudarle. Solo que no pensé que me llegaría a gustar como lo hace ahora, o que compartiríamos un momento tan íntimo como el que tuvimos. Me hizo suya, ya no soy la pura y honorable primogénita del líder del clan Hyuga. Si alguien se enterara, sería la deshonra de mi familia, de por sí ya soy tachada como una vergüenza, y podría traerme muchos problemas tanto a mí como a Sasuke.
Hasta hace un par de meses atrás yo pensé estar enamorada de Naruto, y aún con esos sentimientos en mi corazón no llegué a sentir este deseo que despierta el hombre que está en la habitación. Cuando me negué a su beso el día que fui herida, solo lo hice por las reglas de mi clan, no porque no ansiara ese beso. Y ahora que me dejé llevar, no puedo evitar preguntarme si hice bien en entregarme. Porque siento que no solo le di mi cuerpo, sino también parte de mi corazón.
Suspiro alejando esos pensamientos, metiéndome en la ducha para dejar que el agua se lleve mis preocupaciones. Porque la verdad, a pesar de ello, no puedo evitar sentirme plena y contenta por haber tenido a Sasuke-kun conmigo, sintiéndolo mío.
Cuando salgo del baño, cubierta solo por una toalla, me encuentro con la habitación vacía y mi mochila sobre la cama. Me visto rápidamente, decidida a buscar a Sasuke para comenzar nuestro camino de vuelta a la aldea, pero él aparece antes de que siquiera me pueda acercar a la puerta. Doy un saltito, y lo miro a la espera de que diga algo.
—Ya pagué por las habitaciones, aunque solo usáramos una —¿Por qué se empeña en hacerme sonrojar? — Debemos partir ahora Hyuga.
—Sí —Asentí saliendo con él de la posada, para internarnos en el espeso bosque que debemos atravesar.
Caminamos por horas en silencio, yo en ocasiones lo miraba, se veía concentrado en el camino y sus alrededores, atento a cada ruido. No mencionó nada de lo que pasó anoche, y yo no quería sacar el tema. No quería verme como todas esas chicas que lo perseguían en la aldea. Él nunca mencionó sentir algo por mí, o que yo le gustara, solo dijo que me deseaba.
También dijo que yo era suya, pero ¿Qué significaba ser suya? No creo que se trate de una relación en su vocabulario. Creo que solo fue por placer y nada más.
Pero sus gestos y lo que dijo en la mañana, era como si quisiera tenerme otra vez. ¿Él querrá algo solamente sexual? ¿Por eso fue lo de anoche? Tonta, por supuesto que es solamente sexual. Sasuke no es el tipo de hombre que tenga relaciones dulces, un noviazgo. O por lo menos eso es lo que ha dado a demostrar con las chicas que se le lanzan encima cada vez que lo ven. Las detesta, y las trata como molestias. Y no deseo que me trate así.
Tan perdida voy en mis pensamientos, que no me fijo en una raíz de árbol sobresaliente, y me tropiezo. Cierro los ojos esperando el impacto de mi cuerpo contra el suelo, pero nunca llega. Sasuke me detuvo de caer, y estoy impresionada de sus reflejos. Lo miro avergonzada de mi torpeza, agradeciéndole por ayudarme mientras me separo de él. Sus ojos se ciernen sobre mí, curiosos, con su ceño ligeramente fruncido, provocando que me intimide ante su evaluación.
—Creo que debemos parar y comer algo —Me informa, y para mi sorpresa se acerca a mí, sin tocarme. Solo mirándome de una manera extraña que no me permite comprender lo que pasa por su mente.
—¿Sasuke-kun? ¿Sucede a-algo? —Indago en un murmullo.
—Algo te preocupa —Mis ojos se abren con sorpresa, no pensé que lo pudiese notar. Y sé que no hizo una pregunta, pero algo dentro de mí siente que está esperando una explicación.
—Y-yo… N-no es n-nada —Negué con un suspiro, desviando la mirada. No soy tan valiente como para confesarle mis miedos.
—Mhp —Fue todo lo que dijo, dándose la vuelta dejándome con cierta desazón detrás de él— Eres muy mala mentirosa, Hyuga.
Lo miré con sorpresa, él se sentó sobre una roca y nuevamente enfocó sus ojos en mí. Con un ademán de su mano me ordenó acercarme, y yo no pude más de obedecer y sentarme a su lado. Rebusqué en mi mochila la comida que había guardado el día anterior para nuestro viaje, era onigiri que le tendí a Sasuke-kun para que tomara una y comiera un poco.
Por unos segundos no hizo gesto de tomarlo, pero luego lo hizo dándole una mordida sin dejar de mirarme. Me ruboricé bajando la mirada, procediendo a comer también, para que no tuviera que esperar luego por mí.
—¿No me dirás lo que te preocupa? —Indagó con algo de molestia. Dejándome saber que no estaba dispuesto a dejarlo pasar. Tomé aire para llenarme de valor y explicarle lo que realmente estaba pensando.
—N-nosotros a-anoche e-estuvimos… juntos —Mis puños se cerraron sobre mi regazo, no podía verlo a la cara, me siento muy avergonzada y más porque tengo la certeza de que toda su atención está en mí— Y y-yo n-no sé q-qué quiere U-Uchiha-san… conmigo.
Listo, lo había dicho. No era todo lo que me preocupaba, pero en general era eso lo que me tenía pensativa. El silencio se hizo presente por un instante que me pareció eterno, en el cual me escondía más y más detrás de mi flequillo. De pronto no tenía hambre, y solo quería pararme de aquí e irme a un sitio donde Sasuke no viera mi patético intento por impedir que las lágrimas salieran de mis ojos. ¿Por qué no decía nada? ¿Acaso tan insignificante fue para él?
Dispuesta a alejarme por unos minutos, grité de sorpresa al sentir cómo fui levantada fácilmente de mi lugar para ser posicionada sobre su regazo. Sasuke me sostuvo del cabello, obligándome a encararlo. Su rostro estaba muy serio, creo que incluso un poco enojado, pero no entendía la razón.
—¿Te arrepientes? —Sí, ese tono definitivamente mostraba su furia. Por un momento me estremecí, nerviosa, sin que ninguna palabra saliera de mi boca y eso no pareció ayudar mucho a su estado de ánimo— ¡Contéstame!
—N-no… No me arrepiento —Negué aferrándome a su camisa, nuevamente estaba ese anhelo en mi interior de sentirlo cerca. No quiero que esté molesto conmigo cuando es más que claro que yo también quise llegar a ese nivel de intimidad con él.
—¿Entonces? —Su enojo ya no era tan notorio, pero seguía ahí mientras yo solo podía luchar con mis nervios y timidez.
—S-solo q-quiero s-saber ¿P-por qué y-yo? —Me sentía tan tonta al decirle esto. Seguramente él ha estado con muchas chicas que no se han puesto como yo lo estoy ahora. Sin embargo, yo no puedo ser así, era imposible que yo me dejara llevar con él sin involucrar mis sentimientos— ¿Q-Qué quiere de m-mí?
Su ceño se frunce y creo que incluso él está preguntándose lo mismo. Quizás buscando una respuesta. Suelta mi cabello solo para trasladar su mano a mi cintura, manteniéndome junto a él, y esta vez me sorprendo a mí misma al no apartar la mirada de la suya, esperando una respuesta que deseo no sea tan dolorosa.
—No lo sé —Respondió confundido, generando que la decepción naciera en mí, hasta que lo escuché hablar nuevamente—No sé porque tú, Hyuga. Solo sé que despiertas en mí un deseo terrible que todavía no he podido saciar. Malditamente me atraes con tu inocencia, pareces ser tan pura y buena que generas el deseo de provocarte solo para comprobar que la dulce Hinata es capaz de pecar conmigo. Y joder, no tienes idea lo excitante que es saber que nadie más ha tenido el placer de verte perdida en el éxtasis, retorciéndote en la cama aceptando todo lo que yo te doy. Te hice mía anoche, y siento que no fue suficiente.
Abrí mi boca sin saber que decir, impresionada y abochornada por sus palabras. Lo que dijo no fue nada romántico, pero deja entrever su necesidad por mí. Y como si no fuera suficiente lo dicho, sus manos me aprietan contra su cuerpo, enterrando su rostro en mi cabello, olfateándolo. Suspiro entrecortado, sus palabras y gestos tienen un efecto en mí que no puedo ignorar.
—T-tú… —Ni siquiera sé que es lo que pretendo decir, sus manos se introducen debajo de mi camisa y ya no puedo pensar claramente.
—Yo necesito tenerte Hyuga, déjame tenerte —Si no conociera a Sasuke, pensaría que casi está rogando por mí. Eso no puede ser, ya estoy desvariando— Déjame demostrarte y recordarte lo bien que la podemos pasar juntos.
—Yo… N-no lo s-sé —Jadeo cuando empuja contra mi entrepierna. Cerrando los ojos intentando controlarme. No puede ser tan fácil para él afectarme de esta manera.
—No importa, ya no te lo pediré más —Mis ojos volaron hacia los suyos de inmediato, angustiada ante sus palabras. No quiero que se aleje— Ya eres mía, tú lo aceptaste anoche. Y ya no hay vuelta atrás Hinata.
Mi boca se abre, intentando balbucear una respuesta, la que sea. Pero nada sale de mí.
—Eres mía —Mordió mi cuello sin aplicar tanta fuerza, antes de sonreírme complacido por la forma en que mi cuerpo reacciona a él— Ahora le perteneces al demonio, nena.
Y el peligro en sus ojos se hizo evidente, dándole más veracidad a sus palabras.
