Capitulo 1
Necesidad
Sasuke
-No vayas tan rápido bastardo, ¡Estoy agotado, de veras! -Se quejó el idiota de Naruto mientras yo omitía sus palabras y seguía mi camino- Sakura-chan dile algo.
-No creo que Hokage-sama se moleste si descansamos unas horas Sasuke-kun -Expuso la pelirosa con notorio cansancio en su voz. Y oh sorpresa, no me importó.
No les dije nada, en cambio aumenté la velocidad en mis pasos. No es mi culpa que sean débiles. ¡Joder! Estuvimos en la misma misión, y yo no me estoy quejando.
Tal vez tenga una razón oculta, pero eso no es relevante. Ellos deben entrenar más.
Y yo necesito llegar a la aldea.
Ahora.
Naruto siguió quejándose, aumentando mi mal humor. Si sigue así no me temblará el pulso para atravesarlo con el chidori. Tres semanas en una estúpida misión con ellos fue demasiado. Maldita sea, por mucho que los aprecie realmente necesito mi espacio. Necesito llegar a mi casa cuanto antes y desahogarme como no he podido en las últimas semanas. Las pesadillas volvieron, y sentía como la locura crecía a cada momento que pasaba lejos.
Y los constantes parloteos de Naruto, sumado a los excesivos acercamientos de la molestia de Sakura, obtenía como resultado mi mal humor constante.
Para suerte del idiota, en cuestión de minutos pude vislumbrar las puertas de La Hoja. Creo que incluso pude escuchar una exclamación de felicidad por parte de las dos molestias que me seguían. Seguro piensan que ahora podrán descansar de mi mal temperamento.
Admito que no he sido el hombre más paciente, pero creo que me he comportado bastante bien para ser la primera vez desde hace un año, que paso tanto tiempo sin mi desahogo.
Es decir, solo intenté asesinar a Naruto una o dos veces. Y fueron tres semanas de tolerarlo día y noche. Estuvo bastante bien.
Al llegar a la entrada, rápidamente indico que debemos ir a la torre Hokage. Después pueden hacer lo que les de la gana, pero yo no voy a esperar por ellos para entregar el reporte de la misión.
Me adentro a la oficina de Kakashi sin siquiera tocar la puerta, y él nos mira sorprendido, con Shikamaru frente a él y su típica expresión de fastidio.
No me interesa, tengo un objetivo en mente.
-¿Sasuke qué haces aquí? No te esperaba hasta dentro de dos días -Habló Kakashi luego de salir de su impresión- ¿Y dónde están Naruto y Sakura?
En eso llegan ese par de tontos, jadeando en busca de aire, y sosteniéndose de sus rodillas cuando se detuvieron. Naruto me miró molesto.
-¿Pero qué te pasa Sasuke? ¿No te podías esperar?
Rodé los ojos, no tenía tiempo ni ganas para aguantar sus estupideces.
-La misión fue un éxito. Recuperamos el pergamino como nos pediste -Coloqué en su escritorio lo dicho y me dispuse a retirarme. Maldije cuando me lo impidió.
-¿Es todo? ¿No tuvieron obstáculos o algo? -Indagó curioso al observar como Sakura se apoyaba de Naruto, a punto de desfallecer del cansancio.
-Nos atacaron, ninjas renegados, los vencimos y listo -Me encogí de hombros, caminando hacia la puerta- Y si quieres detalles, ellos te lo darán -Terminé, señalando al resto de mi equipo con un gesto desinteresado.
-¡Eres un…! -No me quedé a escuchar a Naruto, puesto que cerré la puerta y me encaminé rápidamente a mi casa. Mi halcón había regresado a mí hace una hora, entonces sé que mi mensaje fue entregado.
Y no puedo esperar a verla.
La necesito, ahora mismo.
Necesito su olor, sus besos, su cuerpo… su compañía.
No tenerla, pasar tres semanas sin verla, fue demasiado para mí. Fue una situación insoportable, más porque el último día antes de irme había visto al idiota de su compañero de equipo muy pegado de ella. ¡Parecía una maldita garrapata! Y aunque ella lo alejaba, él volvía al ataque diciéndole cosas que casi me hacen matarlo.
Casi.
Ella fue lo suficientemente inteligente para sacarme de ahí lo más discreta posible. Antes de que hiciera algo que definitivamente me alejaría de ella.
Ir a la cárcel sería ese algo.
De paso, en la noche no se pudo quedar, y en la mañana tuve que partir temprano. No comencé la misión con buen pie y creo que Naruto y Sakura fueron los receptores de mi ira todos esos días.
Gruñí desesperado, abriendo la puerta de mi casa con más fuerza de la necesaria, y cerrándola de igual manera. Dejé mis cosas tiradas en el suelo, y de mala gana me quité los zapatos. En este momento no me importa el orden en los más mínimo, tengo un objetivo en mi mente y planeo alcanzarlo a como de lugar.
Me bastó un par de pasos para saber que estaba en la cocina. El olor de su deliciosa comida inundaba el lugar, y como un estúpido me dirigí allá solo para encontrarla vestida con un pantalón muy corto, una blusa de tirantes de color lila, su largo cabello recogido en una coleta alta, y un cursi delantal blanco con estampado de flores que utiliza cuando cocina en mi casa. No tan seguido como me gustaría.
Ella se giró hacia mí, al sentirme entrar en la cocina. Tanta era mi expectativa que casi parecía girar en cámara lenta. Me dedicó su hermosa sonrisa dulce, cargada de ternura, y que me hacía sentir tan bien. Solo para recitar las palabras que agitaban mi corazón de manera desbocada:
-Bienvenido a casa, Sasuke-kun.
¡Maldición!
En ese momento todo cobró sentido. Haberme precipitado atacando a los grupos de ninjas que nos esperaban, ganándome alguna que otra herida, solo para no perder el tiempo y llegar antes a la aldea… todo eso valió la pena.
Para tener a mi dulce Hyuga aquí en mi casa. Solo para mí.
Gruñí acercándome a ella, impaciente por sentirla, la rodeé con mis brazos apretándola contra mí. Tomé sus labios en un beso posesivo, hambriento de su ser. Pude sentir como sus delicadas manos se posaban sobre mi pecho, arrugando mi oscura capa entre sus puños y correspondiéndome el beso con igual fervor. Se puso de puntillas para pegarse más a mí, moldeando su cuerpo, sus atractivas curvas, contra el mío, de una manera deliciosa que me fascina.
Mis manos bajaron hasta aferrarse de su trasero, apretándolas suavemente y empujándola contra la parte de mi cuerpo que más requiere de su atención. Gruñí contra su boca, ante el delicioso roce que recibí en mi miembro, poniéndome duro al instante. Apliqué un poco más de fuerza en su redondo trasero, para subirla sobre el mesón sin dejar de besarla. Era imposible que yo me apartara de esa boca tan tentadora, o por lo menos no lo haría hasta que la necesidad de oxígeno me lo exigiera.
La tomé nuevamente de la cintura, y de un movimiento la atraje hasta mí, encajándola con mi cuerpo, teniendo sus trabajadas piernas rodeándome de mis costados, sintiéndola todo lo que podía con la ropa puesta. Ella quitó mi capa, dejándola caer en el suelo, para posteriormente pasar sus manos por mi cuello, y enterrar sus dedos en mi cabello. Mis manos se adentraron debajo de la delicada tela de su blusa, tiene mucha ropa encima y yo necesito arreglar esta situación cuanto antes.
No suelo ser muy paciente, pero desde que estoy con ella lo soy mucho menos.
Me separé un poco encontrándome con su rostro sonrojado, mucho, sus labios entreabiertos tratando de tomar todo el aire que le había privado, y sus ojos… esos malditos y hermosos ojos que podían ponerme de rodillas si quería, mostraban abiertamente su deseo. Porque ella era así, transparente, pura, no puede ocultar lo que en su interior siente. Y eso malditamente me encanta, más en estos momentos en los que deja expuesta claramente su necesidad por mí, y de todas esas sensaciones que ella sabe bien que le puedo causar.
-Sa-Sasuke-Kun -Balbuceó, mirándome atentamente mientras le quitaba el delantal y posteriormente su estorbosa camisa. No me lo impedía, ella se dejaba hacer por mí tanto como yo quisiera y… ¡Joder, eso me volvía loco!
Sin decirle nada la tome de la nuca para volver a besarla intensamente como hace un momento, mientras mi otra mano apretaba cada uno de sus pechos sobre el sostén. Ella gimió en mi boca, y yo la invadí con mi lengua profundizando aún más el beso. Necesito tomar todo de ella, reclamarla como mía una vez más.
No me canso de hacerlo. Y a estas alturas sé que nunca lo haré.
Descendí mi boca a su cuello, comenzando a succionar, besar y lamer su piel. Embriagándome con su delicioso aroma. Desabroché su sujetador en su espalda y lo retiré de su cuerpo para tener sus suaves y generosos pechos a mi disposición. Sin nada interponiéndose. Hambriento de ella, llevé mi boca a su pecho izquierdo, lamiéndolo y luego metiéndolo en mi boca todo lo que podía, gruñendo de satisfacción al escuchar sus jadeos, gemidos. Sentí como tomó mi cabello entre sus dedos, halándolo, perdida en el placer, mientras yo me deleitaba lamiendo y dando leves mordidas a su pezón, succionando a consciencia, y jugando con el otro, pellizcándolo entre mis dedos. Cuando decidí que era suficiente, trasladé mi boca al otro pecho, para realizar la misma tarea, mientras una de mis manos contorneó su cadera, llegando a su abdomen, y descendiendo hasta su pantalón… No me detuve, introduje mi mano dentro de esa molesta prenda, apretando su centro, retirando las bragas a un lado y sentir por fin la suavidad de sus pliegues. Y no solo eso, sino también su humedad.
Maldición, no puedo seguir con juegos nena.
-¿Me extrañabas, no es así? -Pregunté en un susurro, soltando su pecho, concentrándome en la entrada resbalosa que rozaban mis dedos- Tu cuerpo me reconoce, solo tengo que tocarte y ya estas deseosa de sentirme profundamente dentro de ti.
La miré cerrar con fuerza sus ojos, avergonzada y gimiendo por mis constantes toques en esa zona tan íntima suya. No importa cuantas veces la haya tomado, ni de qué forma, ella siempre se sonrojaba. Conserva esa inocencia que me provoca tanto, que me hacía desear corromperla una y otra vez. Joder, es que solo mirar su cuerpo era suficiente, es una invitación a caer en pecado y no me importa dejarme arrastrar por las llamas del infierno.
Con un gruñido le indiqué que se levantara un poco para arrastrar esos diminutos pantalones junto con su ropa interior. Los lancé en alguna parte de la cocina, y ya tenía a mi dulce Hyuga dispuesta para mí. Miro su cuerpo con clara lujuria, su hermosa piel blanca de porcelana, de la cual ya han desaparecido mis marcas. Tengo que solucionar eso cuánto antes.
-L-la estufa… -Murmuró abochornada, seguramente por la forma que la estoy mirando.
Le sonreí de lado, verla tan nerviosa, avergonzada, hacía crecer en mí el deseo de ella, de arrastrarla en el camino del placer, hasta hacerle olvidar sus inhibiciones. Rápidamente apagué la estufa, inclinándome solo un poco sin tener que soltarla. Aproveché de deshacerme del chaleco táctico y mi camisa, para sentir el roce de nuestras pieles, lo ansío. No estoy en condiciones de mantener esto lento y suave. Por lo que bajé mis pantalones conjuntamente con mis boxer, y de una estocada me introduje en ella. Yo ya estaba duro, más que listo para hundirme en su estrecha intimidad, necesitado de su cuerpo y de su ser. Ella gritó, enterrándome sus uñas en mi espalda, pero abriendo aún más sus piernas para darme espacio.
No esperé a que se acostumbrara a mí, volví a salir y con la misma fuerza me introduje nuevamente, arrancando otro excitante grito de sus labios.
Oh sí nena, aquí puedes gritar… nadie te escuchará.
Tomé un ritmo fuerte, rápido, no podía ser suave, nada más interesaba en este momento. Solo mi necesidad por ella. Y sé que lo entiende, por la manera en que se aferra a mí, como gime y repite mi nombre una y otra vez. Apreté sus nalgas para empujarla contra mí cada vez que la embestía, y me dediqué a besar su cuello para marcarla. Quiero escuchar sus gemidos, es una pequeña obsesión que tengo.
Sé que tal vez estaba siendo un poco brusco, pero fueron demasiados días en abstinencia de mi mujer.
Sí, porque eso era Hinata.
Ella era mi mujer.
Aunque nadie sabía nuestro idílico secreto.
-Sasuke… -Jadeó. Gruñí al escucharla decir mi nombre. Porque me reconocía, sabe que soy yo. Y nadie más que yo podrá darle el placer que está sintiendo en este momento. Principalmente porque no permitiré que nadie tome su cuerpo, ni nada de ella. Solo yo he sido su hombre y planeo que así siga siendo.
-¿A quién perteneces? -Le pregunté mientras mordía la piel sensible de su cuello.
-Sasuke… -Volvió a gemir, apretándome entre sus piernas- A ti… s-soy tuya.
Gruñí penetrándola con aún más fuerza. Tratando de llegar más adentro de esa exquisita calidez y humedad que ella me brindaba. La tomé por el cabello e hice que me mirara, mientras no detenía ni por un segundo mi reclamo en su cuerpo.
-Eres mía, Hinata -Mordí sus labios- Solo mía.
La besé, sintiendo como su interior comenzaba a apretar mi miembro deliciosamente. Ella alcanzó su orgasmo y me lo hizo saber gritando mi nombre otra vez. Yo no me quedé atrás, derramándome en su interior un par de estocadas después.
Suspiré, sintiéndome más relajado de lo que he estado en las últimas tres semanas. Esto es lo que necesitaba. Ella es la única que logra calmarme, darme paz. Nadie lo sabe, pero yo sin esta mujer padecería. Ella se convirtió en mi centro, mi motivo, y la razón por la que me mantengo cuerdo dentro de esta aldea. De lo contrario, mi vida estaría sumergida en la soledad.
La abracé contra mí, dejando que volviera en sí luego de nuestro encuentro. Temblaba y respiraba de manera entrecortada. Por lo que me dediqué a acariciar su cabello a lo largo de su desnuda espalda.
Cuando su fuerza regresó, me rodeó con sus brazos.
-Te extrañé Sasuke -me encanta cada vez que se dirige a mí sin utilizar ningún honorífico.
-Joder, no te imaginas cómo te extrañé yo -Sí, yo el inexpresivo vengador había tenido que ceder en algunos puntos. Y uno de esos, era no ser tan frío y seco con ella, o de lo contrario la perdería.
No es que ahora sea un cursi idiota, pero le demuestro a mi manera lo que siento por ella.
Prefiero mostrarme vulnerable cuando estamos a solas, con tal de que no se vaya con algún imbécil de la aldea. Menos cuando parecía haber despertado el interés de muchos gracias a su nuevo uniforme de misiones.
Salí de su interior con cuidado, para acomodarme mi boxer y pantalón. Hinata me veía con su habitual sonrojo, y sonreí. Sé que, a pesar de ser muy tímida, la pícara de mi novia disfruta verme desnudo. Decidí dejarle algo a la vista y no colocarme la camisa.
Besé sus labios suavemente, para luego bajarla del mesón y ayudarla a vestirse. Incluso le coloqué el delantal. Con lo que sea que ella se colocara, se veía jodidamente hermosa.
-Debes tener hambre, Sasuke-kun -Me sonrió dulcemente- Ya te llevo la comida a la mesa.
Asentí, sabiendo que ella quería que me fuera a sentar para que pudiese atenderme. No sé bien el por qué, pero al parecer mi dulce Hinata disfruta de cuidarme, en todos los sentidos.
Hace un año comenzamos nuestros encuentros de manera inesperada, simplemente la atracción se hizo presente entre nosotros en una misión que compartimos. Y por mi parte fue difícil resistirme a esa mujer, a su cuerpo perfectamente formado, que me dejó entrever cuando fue levemente herida en su hombro. Pero me fue incluso más difícil hacer que ella se dejara llevar por lo que ambos estábamos sintiendo. Era demasiado correcta, disciplinada y buena como para cometer aquella locura a la que la estaba incitando…
Sin embargo, lo logré. Sonrío ante el recuerdo de nuestra estadía en la posada. La besé, obligándola a corresponderme, y después ella no puso más objeciones. Se entregó completamente a mí esa noche, otorgándome algo que nunca le había dado a ningún hombre: su cuerpo. Y tiempo después me enteré que también me había dado su primer beso.
Y fue imposible no sentirme superior en aquel entonces. Y menos ahora.
En principio pensé que era solo lujuria, porque joder, esa mujer sabía como prenderme aún sin intentarlo. Su dulzura e inocencia eran el más potente afrodisíaco del que alguna vez he sido prisionero. Todo ella me atraía, mis ojos la buscaban a cada momento, y mis manos no podían estar quietas hasta que estuvieran sobre Hinata. Me volví sobreprotector con ella en esa misión, y a cambio obtenía sus fuertes sonrojos cuando teníamos testigos de mis inexplicables actitudes hacia ella, a pesar de que no nos conocieran.
Pero cuando llegamos a la aldea… maldita sea, me volví posesivo. No soportaba que los estúpidos de sus compañeros de equipo estuvieran todo el tiempo con ella. Sobre todo el perro, que parecía no poder soltarla cada vez que la veía. Ante eso, tuve que actuar y recordarle una y otra vez que ahora era mía. Hinata lo aceptó, sabía que comenzaba a sentir algo por mí, su mirada la delataba, pero yo no estaba listo para asimilar ningún sentimiento.
Ella supo controlar a sus compañeros, para que no se les pegaran tanto como antes y de ese modo contribuir en mantener mi delgada línea de estabilidad mental.
Con el tiempo, tuve que aceptar lo que sentía. Estuve a punto de perderla, y por muy idiota que a veces fuera, no me iba a dar el lujo de entregársela a otro hombre cuando era más que claro que la quería solo para mí.
Y ahora, ella había invadido cada parte de mi casa, mi vida, y de mí. La mansión Uchiha ahora lucía como un verdadero hogar gracias a ella, incluso los alrededores tenían leves mejoras que no me provocan la usual tristeza y soledad que antes sí sentía.
Lo único que todavía no soportaba, eran las noches que no pasaba a su lado. Cuando estaba, no había pesadillas… pero cuando se iba era otra historia.
Si fuera por mí, ya le habría dejado en claro a todos que Hinata Hyuga es mía. Antes el secreto era conveniente para los dos, pero conforme pasaba el tiempo para mí se hacía más notorio que quería malditamente dejar claro a todos que ella estaba conmigo.
No me interesa lo que los demás puedan decir, pero para mi dulce Hinata no es igual. Ella está restringida por su clan, y aunque tampoco le temo a su padre, ella no se quiso arriesgar a que nos apartaran o que Hiashi tomara acciones para evitar nuestra relación.
Me enfurece, pero nuevamente prefiero esto a dejarla ir.
-Aquí tienes Sasuke-kun -Colocó frente a mí un plato con onigiris, seguramente de tomate, porque ella sabe que son mis favoritos- Espero que te guste.
Sonreí con burla, logrando que ella riera.
-Sabes que todo lo que cocinas es delicioso -Como tú, Hyuga.
Comimos en silencio, eso era otra cosa que me gusta de ella. Es muy tranquila y no hace ruido innecesario. Podemos estar en silencio, y no es incómodo. Su simple presencia es suficiente para mantenerme en paz.
Al terminar, la ayudé a lavar lo ensuciado. Era de noche, pudimos llegar al día siguiente si le hubiese hecho caso a Naruto y Sakura para acampar unas horas, pero yo no estaba dispuesto a eso. Ya había tenido suficiente.
Ahora tengo que tratar de ganar otra batalla.
-Quédate conmigo hoy -Ordené, más que pedir. Ella dio un pequeño salto mirándome nerviosa mientras secaba sus manos del delantal que todavía no se había quitado. Eso no es un buen presagio.
-No sé si sea buena idea Sasuke-kun, padre está en casa -Esa es una mala excusa, no sería la primera vez que se queda y su padre está en su casa-. Creo que comienza a sospechar algo.
Frunzo el entrecejo ante eso.
-Llevo tres semanas fuera de la aldea, cualquier sospecha debió quedar olvidada -La tomé de la cintura acercándola-. Porque estuviste durmiendo todo este tiempo en tu casa ¿No es así?
-Pues… y-yo -Su nerviosismo me hizo saber que algo ocultaba. No me gustó las ideas que venían a mi cabeza de lo que posiblemente pudo haber pasado. La apreté más contra mí.
-Hinata… -Solté con advertencia.
Cubrió su rostro con ambas manos. Escapando de mi penetrante mirada.
-Tuve un enfrentamiento con padre, y no quería quedarme en casa esa noche… -Su voz se hacía cada vez más baja-. Y y-yo… y-yo…
-¿Tú qué? -Pregunté más brusco de lo que quería. Pero maldita sea, no lo podía evitar. Este lado posesivo y celoso que ella despertaba en mí, creaba escenarios para nada agradables.
-Yo me vine a dormir aquí -Dijo rápido. Tan rápido que por poco no entendí lo que quiso decir. Pero al final lo hice.
Sonreí ante lo pequeña que se ve, escondiéndose de mí como si estuviese a punto de recibir un regaño, lo cual no es el caso. Me gusta que sienta que esta casa es su lugar seguro, porque es donde planeo que vivamos juntos.
Aparté las manos de su rostro, y tomé su mentón entre mis dedos para hacer que enfocara sus preciosos ojos en los míos. Casi pierdo el control cuando la vi morder sus labios, pero me contuve. No es el momento de dejarme llevar por mi constante deseo de ella.
-Cuando te di la llave de esta casa, te dije que podías venir cuando quisieras. Sin importar que yo no estuviese aquí -Besé su mejilla derecha, y posicioné mis manos en sus mejillas sonrojadas-. Además, sabes que esto también es tuyo…
-N-no Sasuke-kun, esta es tu…
-No, Hinata -La interrumpí- Esto es un hogar gracias a ti, por ende también te pertenece.
Hinata me regaló una pequeña sonrisa, antes de lanzarse a mis brazos, rodearme completamente con ellos, y besarme con pasión.
Me fascina cuando la pequeña, inocente y tímida Hyuga tiene estas actitudes. Porque sé que solo son conmigo.
-Ahora, volviendo a lo anterior… quiero que te quedes conmigo esta noche. Y no está a discusión nena.
Su par de ojos perlas se ancló con los míos oscuros, sabe que no estoy bromeando. Soy capaz de irla a buscar en la noche a su habitación y traerla aquí para que duerma conmigo, como ya lo he hecho en algunas ocasiones, y estoy más que dispuesto de hacerlo hoy para tener a mi mujer en brazos.
-Lo haré Sasuke-kun -Nena, tú sabes cómo complacerme. Te cuesta decirme no.
-Bien -Le sonreí ladinamente acariciando sus mechones de cabello azulino- ahora dime qué ha sucedido en mi ausencia, ¿El maldito perro sigue acercándose mucho a ti?
Me miró con desaprobación por la forma en que me dirigí a su amigo. Pero no hay otra forma de hacerlo cuando siempre que los veo juntos él está intentando tocar de más a mi Hinata. El tipo de los insectos es más tolerable, sabe mantenerse al margen, aunque he visto su renuencia de dejar la Hyuga solo conmigo cuando por alguna razón se da la oportunidad.
Ellos no saben nada, el Inuzuka en ocasiones ha comentado que mi dulce novia tiene mi olor, con mucha razón dado la cantidad de horas que paso adorando su cuerpo, menos de las que me gustaría. Sin embargo, Hinata ha logrado distraerlo cada vez.
Ella dice que yo exagero al decir que el perro está enamorado de ella, pero no se da cuenta de cómo una simple frase, unas cuantas palabras suyas y ya lo tiene comiendo de su mano.
Gruño tomando a mi mujer en mis brazos, llevándola a la sala para que pueda saciar mi curiosidad. Necesito saber cada cosa que ha hecho. Hinata no se queja, solo se acomoda en mi regazo cuando me siento en el sillón. No es la primera vez que hacemos esto, suelo pedirle que me cuente sobre sus días cuando yo no estoy en la aldea, o cuando ella sale de misiones.
Porque esa es mi manera de asegurarme que la seguiré teniendo conmigo, analizando los detalles que me relata, y haciéndome cargo de situaciones que amenazan con nuestra relación.
Un poco paranoico, quizás.
Pero no dejo nada al azar cuando se trata de ella.
-Entrené todas las mañanas con Shino-kun y Kiba-kun. Solo entrenamos, Kiba-kun no se me acercó tanto… -Se apresuró a decir ante mi evidente ceja alzada, interrogante-. Por las tardes hacía cosas distintas, a veces venía a cuidar las flores del jardín sin que nadie lo notara, o entrenaba un poco más con Neji-nissan… ¡Oh! Un día fui a comer con Ino-san y la ayudé un rato en su floristería. Me dijo que cuando volviera Sakura-san quería organizar una noche de chicas… o algo así -Se sonrojó, seguro recordando algún comentario subido de tono de la Yamanaka.
-¿Y tu padre? -Le pregunté, notando claramente que omitió esa parte de la historia.
Suspiró, recostándose de lado sobre mi pecho y pasando uno de sus brazos por mi cintura.
-El día antes de que te fueras, llegué tarde a casa y padre me estaba esperando en su oficina. Me dijo que había notado un aumento en mis permisos para ausentarme en las noches, y fue m-muy cruel y d-directo al decir que esperaba no estuviese deshonrando al clan como si fuera una cualquiera -Su agarre se afianzó, y podía apostar que sus bellos ojos estaban cerrados con fuerzas, evitando llorar-. Como estabas en misión me propuse llegar temprano todos los días, para que no desconfiara de mí, p-pero una tarde que entrenaba con Neji-nissan, él llegó justo en el m-momento que recibí un ataque, sin poderlo esquivar. Me ordenó que lo siguiera y dijo que era una v-vergüenza para el clan… las mismas cosas crueles que suele decirme.
Lo sé, sé todo lo que te dice porque una vez yo fui testigo de eso nena. Y me tomó toda mi fuerza de autocontrol no matarlo en ese mismo instante.
Hinata no es débil como su padre piensa, ella se ha vuelto más fuerte, tiene mucha resistencia, y por lo menos conmigo su tartamudeo ha disminuido considerablemente.
Frustrado, por lo que ha tenido que sufrir mi mujer, la estreché contra mis brazos como si de alguna manera pudiese ser su escudo protector, ante todo lo que le afecta. Hinata es muy fuerte, pero la bondad y pureza que alberga en su corazón es su debilidad. No puedo evitar que las palabras le dañen, o sus ligeras dudas cuanto siente que algo no está bien. Ella no es como los demás, siempre trata de ver lo bueno en las personas.
Incluso en mí.
Siendo yo el frío vengador al que todos le temen, ella fue diferente. No me trató como un traidor, siempre fue amable.
-Sé que te lo he dicho miles de veces, pero tu padre es un idiota -Su cuerpo se estremeció por su delicada y tímida risa. No soy muy bueno con las palabras y ella lo sabe, por lo que solo se acurruca más sobre mi cuerpo, absorbiendo las caricias que le doy. Es mi manera de demostrarle mi apoyo-. Él no te conoce, no debes creerte nada de lo que te dice.
-No lo hago -Negó, aferrándose a su camisa-. Es solo que… c-cada día m-me siento menos a gusto en casa…
-Porque esa no es tu casa -Murmuré, ganándome la mirada confusa de mi Hinata. Sonreí de lado ante su ingenuidad-. Tu casa es esta, o donde sea que esté yo.
-¡Sasuke-kun…!
-No tienes nada que debatir, Hinata.
Su entrecejo se frunció ligeramente, y esta vez fue mi ocasión de reír. Es divertido cuando se enoja, porque no es algo que usualmente pueda presenciar.
-Ahora vamos, es momento de recuperar el tiempo perdido -La cargué en mis brazos al estilo nupcial, mientras ella se sostenía de mi cuello y me miraba sonrojada.
-Pensé que… en la cocina…
Negué antes de que terminara lo que estaba por decir.
-No fue suficiente, deberías saberlo.
Y así, sin más, la llevé a mi habitación. Tendríamos una larga noche, probablemente no dormiríamos mucho…
