Capítulo 2
El cazador y su presa
-¡Oye Hinata! -Giré mi rostro encontrándome con Kiba y Akamaru que venían hacia mí, saludándome efusivamente con la mano. Les sonreí acercándome también- Vamos a comer BBQ, ¿Vienes con nosotros? Shino nos está esperando.
-M-me encantaría Kiba-kun -Acepté acariciando el pelaje de Akamaru cuando llegó junto a mí.
En realidad, no tenía planes para esta mañana, aparte de esperar a encontrarme con Sasuke-kun. Más temprano había despertado en sus brazos luego de tres largas semanas de extrañarlo, y fue como si estuviese en un sueño. Un maravilloso sueño donde tenía al hombre que amo, rodeándome protectoramente con sus brazos, aún estando dormido.
Jamás me imaginé que luego de ser rechazada por cierto rubio al que admiro, el destino me arrojaría contra aquel fuerte y cálido pecho que utilicé como almohada. No podía quejarme, lo que ahora vivía a escondidas de la aldea era lo que mantenía mi constante sonrisa, además de hacerme sentir mucho más fuerte y confiada en temas que antes no lo era.
Sasuke-kun se adentró en mi corazón, obtuvo mi amor casi que abruptamente, y lo hizo crecer mucho más de lo que me podía imaginar.
Gracias a él entendí, que nunca amé a Naruto en realidad. O tal vez no de manera romántica. Solo estaba embelesada por la admiración que sentía y aún siento hacia él.
Suspiré, mirando a todos lados en busca de los particulares tonos oscuros que distinguen al Uchiha, sabiendo que estoy siendo un tanto grosera con mi compañero de equipo, al no prestarle atención a su plática. Pero es que pasé mucho tiempo sin mi adorado novio, y quiero aprovechar todo el tiempo que pueda con él ahora que está en la aldea.
Esa mañana me había costado mucho despegarme de él para escabullirme en mi casa, antes de que padre o Hanabi notaran mi ausencia, y ahora quiero verlo. Tengo esta necesidad de estar cerca de él que no puedo explicar, solo logro decirme a mí misma que se debe al tiempo que pasamos separados. No llegó a ser un mes, pero sí fue mucho más de lo que estamos acostumbrados.
Al estar en tiempos de paz eran muy escasas las misiones que requerían tanto tiempo fuera de la aldea, pero Sasuke tuvo una y, aunque sabía que lo extrañaría, no me acerqué a imaginar lo que realmente sería.
Cada día aumentaba más mi angustia por él y cómo estaría, me preguntaba si también me echaba de menos como yo a él, o si Sakura había intentado acercarse nuevamente…
Eso último no me agradaba, pero habíamos crecido lo suficiente en nuestra relación como para confiar plenamente en él. Sé que a Sasuke-kun le molesta mucho cuando Sakura-san intenta pegarse a él, además que es un tanto brusco con ella, pero conmigo es muy diferente y eso me confirma cada vez que él me quiere a mí. Y desconozco por qué lo hace, solo sé que no quiero que sus sentimientos desaparezcan.
-¡Hinata! -Me sobresalté ante el grito de Kiba, que me sacude ligeramente sosteniéndome de los hombros. ¿En qué momento se puso frente a mí?- No estás escuchando lo que te digo, ¿En qué estás pensando?
-Y-yo e-estaba distraída Kiba-kun, lo siento -Me disculpé cabizbaja, no podía decirle en lo que realmente pensaba y tampoco soy muy buena mintiendo, por lo que suelo mirar a otra parte para no ser descubierta… aunque no siempre funciona.
-No importa, ya llegamos.
Levante mi rostro lo suficiente para corroborar que sí, efectivamente estamos frente al local de comida que nos dirigíamos. Tan ensimismada en mis pensamientos estaba que no me había dado cuenta. Asentí con una sonrisa, esperando que Kiba soltara mis hombros.
Pero no lo hizo.
Kiba-kun sonreía, y sus ojos no se apartaban de mí. Me sentí incómoda ante su escrutinio, no me gusta ser observada de esa manera.
Al menos que sea Sasuke-kun…
Sin embargo, mi amigo y compañero de equipo parecía no tener intención de alejarse. Y yo debía actuar si no quería que mi celoso novio nos viera, y cometiera alguna locura.
No tuve tiempo de soltarme con delicadeza, cuando saliendo del local apareció el último Uchiha, mirando fríamente las manos que me sostenían. Me puse nerviosa y de manera brusca me solté de ese agarre que no quise en primer lugar.
Los ojos de Sasuke, uno oscuro como la noche y el otro violeta resplandeciente, portando aquel Rinnegan que antes me intimidaba y ahora me encanta, se posaron en mí. No ocultó su molestia, y sé que le costó mucho rodearnos para alejarse de nosotros como si nada hubiese pasado.
-Que grosero es ese Uchiha -Dijo Kiba mirando como desaparecía el aludido entre la gente-. En fin, vamos Hinata.
Me aparté cuando intentó pasar uno de sus brazos por mi hombro, y negué sonriéndole levemente.
-Lo siento Kiba-kun, pero recordé que debo hacer algo en casa -Me alejé unos pasos mientras me despedía- Nos vemos luego.
Sin darle tiempo a decir nada más, me fui siguiendo el camino que mi novio había tomado. Aunque sé con certeza a dónde se dirigió. Por lo que a paso apresurado llegué a los territorios Uchiha, y no me sorprendí cuando apareció a mis espaldas.
-Pensé que te quedarías con ese perro -Soltó con molestia, yo solo me giré para mirarlo de frente-. Te he dicho que no me gusta como te toca Hinata.
—Yo estaba por alejarme Sasuke-kun —Le expliqué con calma. Sé que debo ser la calma entre los dos, para que él se pueda tranquilizar— Sabes que Kiba-kun solo es mi amigo.
Gruñó mirándome con el ceño fruncido. A veces podía comportarse como un niño, pero no era un buen momento para hacérselo saber. Entonces solo me acerqué y dejé que me envolviera con sus fuertes brazos.
—Eres solo mía Hinata —Dijo con posesividad marcada en cada palabra. Y yo solo me acurruqué en su pecho, muy de acuerdo con él.
—Quiero pasar el día contigo, Sasuke-kun.
—Mi dulce novia me extrañó mucho —Dijo en un tono de burla pero que me dejaba saber lo mucho que le gusta ese hecho. A veces él era tan confuso, cambiaba de emociones tan rápido— Tenía planeado comer algo y luego irte a buscar, pero no pensé encontrarme con una imagen tan desagradable.
—Kiba-kun me había invitado a comer junto a Shino-kun —Separé mi rostro de su pecho para mirarlo a los ojos— Pero todo eso quedó olvidado cuando te vi.
Le sonreí, seguramente sonrojada, pero era el efecto que Sasuke Uchiha tenía sobre mí.
Sentí como tomó mi nuca, enterrando sus largos dedos entre las hebras de mi cabello, para besarme y pegarme a él como le gustaba. Mi corazón latió agitado ante ese gesto y yo no pude más que apretar su capa entre mis manos, y corresponderle el beso con el mismo fervor.
—Vamos a casa.
—S-Sí —Asentí y tomé su mano cuando me la extendió, caminando a su lado tan contenta por tenerlo a mi lado.
Al entrar en su casa, me soltó la mano y lo vi adentrarse a la cocina. Curiosa lo seguí, pero me hizo señas de sentarme en el comedor. Con una sonrisa hice lo que me pidió, ya tenía una idea de lo que hacía. Y no me equivoqué, en algunos minutos se apareció frente a mi con un poco de arroz y ensalada.
—Come —Ordenó, de esa manera que le sale tan natural y cohíbe a muchos. Le sonreí como agradecimiento observando cómo se sentaba frente a mí.
—¿Tú no comerás?
—Ya lo hice —Me recordó tranquilamente, mientras se quitaba su capa y la colgaba sobre el respaldo de la silla a su lado.
Llevé a mi boca un poco de comida y sonreí ante su sabor. Sasuke siempre dice que ama mi comida, porque soy una excelente cocinera, pero lo cierto es que él también cocina muy bien. No tardé en devorarme todo lo que había puesto para mí, primero porque no quería desperdiciar nuestro tiempo, y segundo porque sé que si dejo comida mi gruñón novio no me dejará tranquila hasta que coma todo. Es muy serio con mis hábitos alimenticios.
Él sonrió de lado, satisfecho, cuando no dejé nada en mi plato. No me dejó lavar los platos, en cambio los tomó y llevo a la cocina mientras. Por mi parte yo limpié la mesa y guardé los pequeños manteles individuales que Sasuke suele usar a la hora de comer.
—Ven conmigo —La voz de Sasuke me sobresaltó, pero inmediatamente le seguí fuera de la casa, hasta adentrarnos en el bosque que colinda con el territorio Uchiha. En un árbol al azar, lo vi sentarse y apoyarse de éste, para después mirarme con su penetrante mirada. Yo seguía de pie frente a él, sin entender muy bien el por qué estamos aquí— ¿Qué estás esperando Hyuga? Ven aquí.
Me acerqué un poco más, hasta que él pudo tomar mi mano y halarme hacia su cuerpo. Quedé sentada entre sus piernas y abrazada por Sasuke mientras mi espalda se apoyaba en su pecho.
—¿Qué quieres hacer Sasuke-kun? —Indagué curiosa, ante su rostro pacífico y tranquilo. Él se acomodó mejor en el tronco del árbol, hasta apoyar su cabeza de este mismo y cerrar sus ojos.
—Solo quiero abrazarte un momento sin interrupciones, nadie suele venir aquí —Una de sus manos empujó mi cabeza hasta que quedara escondida entre el hueco de su cuello, reí ante su insistencia— Ya te lo había dicho, pero realmente te extrañé.
—Y yo a ti, Sasuke-kun —Me giré de costado para poder abrazarlo y seguir aspirando su aroma en su cuello— Mucho más que las veces anteriores. Fueron tres semanas muy largas.
—Espero que Kakashi no me moleste en un buen tiempo —Dijo con un gruñido al final, arrugando levemente su entrecejo— Tuve suficiente de ese par de tontos que tengo como compañeros de equipo.
Volví a reír.
—Son tus amigos Sasuke-kun —Le recordé.
—No quiero hablar sobre ellos ahora —Tomó mi rostro con su mano izquierda, mientras la derecha seguía sosteniéndome contra su pecho. Sus ojos sostuvieron mi mirada por unos segundos que me parecieron eternos. Sus ojos a pesar de ser oscuros e intimidantes, yo podía percibir su calidez. En ellos, hasta hace unos meses atrás, abundaba la soledad y una profunda tristeza que no la demostraba. Sin embargo, poco a poco fue desapareciendo esa desazón. Ahora solo es Sasuke-kun, con su usual seriedad, determinación y frialdad, conserva algunos rasgos de locura y sé que puede matar a sangre fría sin pestañear, pero ya no se encuentra sumergido en la tristeza. Se nota más decidido a vivir, redimirse de sus errores y dejar ir sus rencores.
Inclinó su rostro hacia mí, rozando nuestras narices, mezclándose nuestras respiraciones. Cerré mis ojos acercándome un poco más, estoy segura que sonríe arrogante en este momento, pero no me importa. Solo quiero sentir sus labios. Y me recompensa en un segundo posando sus labios sobre los míos. Me besa lentamente, llevando sus largos dedos a mi cabello para presionarme más contra él. A pesar de tenerme bien sujeta, no hace nada por intensificar el beso. Solo lo mantiene suave, reconociéndonos por milésima vez, perdiéndonos en lo que sentimos el uno por el otro.
Lo abracé con más fuerza, separándome un instante sonriéndole, antes de que volviera a besarme.
—Ven a vivir conmigo Hinata —Susurró cerca de mi oreja, depositando un camino de besos por mi hombro, sobre la ropa. No me sorprendí ante sus palabras, no es la primera vez que lo dice, solo que con el pasar del tiempo mis deseos de aceptar se incrementan.
—Sasuke-kun… —Murmuré con algo de tristeza. Porque no puedo aceptar, estoy restringida por mi clan, por mi padre, bajé la mirada a su pecho, jugueteando con el cuello de su camisa— Sabes que no puedo.
—Recuérdame una vez más el motivo —Su voz adquirió cierto toque de molestia, pero no dejó de repartir sus besos hasta llegar a mi cuello.
—Mi padre… j-jamás lo aceptaría —Hablé, colocando todo mi empeño en concentrarme en lo que le decía, y no dejarme llevar por lo que ocasiona en mí.
—No pensaba pedirle permiso.
Suspiré.
—Soy la primogénita del líder del clan Hyuga, y aunque ya no sea la heredera, se espera de mí un buen comportamiento. Además, mi padre se iría en tu contra al enterarse —De solo pensarlo, me lleno de preocupación. Sasuke-kun ha pasado por mucho, ha sido juzgado, y lo sigue siendo, por los habitantes de la aldea. No puedo permitir que padre lo coloque aun más bajo la lupa de las cinco grandes naciones, como si no tuviera suficiente.
—No le tengo miedo, Hinata —Sacó su rostro de mi cuello, para mirarme a los ojos—. Por ti yo me enfrentaría a quien sea.
Tomé su rostro entre mis manos, arrodillándome frente a él entre sus piernas. Sasuke apoyó sus brazos sobre sus rodillas flexionadas, atento a mí y lo que sabía que diría.
—No puedo permitir que seas juzgado por mí Sasuke-kun. Padre hará que te tengan observado, y no importa si Hokage-sama o Naruto-kun te apoyan, sabes todo lo que te costó tener tu libertad —Apreté mis labios ante su evidente desacuerdo, se notaba en su entrecejo fruncido— Déjame protegerte.
Resopló hastiado, rodando sus ojos y demostrándome aún más que no opinaba lo mismo que yo. Hemos hablado de este tema tantas veces, y siempre llegamos a los mismo. Él enojado, y yo intentando hacerle entender.
—Yo puedo protegernos a los dos Hinata, nada malo pasará, confía en mí.
Bajé la mirada soltando su rostro. No llegaremos a un acuerdo.
—M-mejor no hablemos de esto Sasuke-kun —Volví a recostarme de su pecho— No quiero que te enojes e-este día.
Lo escuché gruñir, pero me rodeó con sus brazos sin agregar nada más. Y silenciosamente lo agradecí. Tal vez él tenía razón, y debía confiar, pero me da miedo arriesgarme y que todo resulte mal. No soportaría ver señalado a Sasuke-kun más de lo que es ahora, por mi culpa. No sería justo que padre haga uso de sus influencias para hacer dudar sobre la lealtad de Sasuke con la aldea, porque lo haría. No, simplemente no puedo ser tan egoísta y exponerlo de esa manera.
Media hora después, que permanecimos en silencio, me propuso entrenar. Y yo acepté con una sonrisa. Me gustan nuestros entrenamientos. A pesar de no usar toda su fuerza conmigo, no se contiene y luchamos como iguales. Pasamos horas entrenando y adentrándonos más en el bosque, hasta que no pude más y me desplomé en el suelo, jadeando y buscando aire.
Sasuke me llevó en su espalda hasta la casa, comentando sobre algunas mejoras que he tenido desde la última vez que luchamos, y eso me hace sentir feliz. A pesar de que también menciona uno que otro detalle en que fallé, no pasa por alto el orgullo con el que habla de lo fuerte que soy para él. Creo que, aparte de mi equipo, Sasuke-kun es la única persona que piensa que soy fuerte y hábil en combate.
Al llegar a la casa, curamos mutuamente nuestras heridas. Antes Sasuke no dejaba que lo hiciera, pero luego, tuve que tomar valor para hacerle entender que, si quería curar las mías, tenía que dejarme atender las suyas. Por ello, cada vez que entrenamos juntos o resultamos heridos en alguna misión, nos encargamos mutuamente de nuestros cuidados. Y me encanta ver la concentración en su rostro cada vez que lo hace.
—Prepararé algo de comer —Le avisé luego de terminar de curarnos. Sasuke solo asintió y me besó antes de irse a, seguramente, su oficina. Probablemente tendría algunos pergaminos del clan que revisar.
Quité mi chaqueta del mi antiguo uniforme de entrenamiento, que ahora llevo puesta, y la dejé sobre un perchero en la cocina, para tomar uno de mis delantales y colocármelo. Recogí mi cabello en una coleta alta y me dispuse a buscar los ingredientes para preparar la comida. Sonreí al ver que Sasuke se había encargado de abastecer nuevamente la alacena y el refrigerador, no sé en qué momento lo habrá hecho, pero es reconfortante saber que se hace cargo de este tipo de cosas para cuando yo venga aquí.
Decidida por preparar pechugas de pollo con salsa de tomate casera y ensalada, comienzo con mi labor, tarareando en ocasiones y moviéndome de aquí para allá por la cocina, con absoluta familiaridad. Disfruto mucho cocinar, en especial para Sasuke o mi hermana Hanabi, me hace sentir bien hacerlos felices por medio de mi comida.
Al medio día, ya la comida estaba lista. Coloqué los manteles individuales en la mesa, para Sasuke y para mí, y dejé en el medio el cuenco con la ensalada. Coloqué nuestros platos con la pechuga de pollo y nos serví un poco de té que había preparado. Escuché un suave ding en la cocina, avisándome que la tarta de queso que había preparado estaba lista. Sería el postre para los dos.
La saqué del horno y dejé reposar. Ahora solo falta Sasuke-kun.
Fui en su búsqueda, a su oficina, por el pasillo al lado de las escaleras. Tenía la puerta abierta y al asomarme, lo encontré leyendo concentrado sus pergaminos. Sonreí ante la vista de mi novio, sentado frente a un escritorio, con sus pies reposando sobre este, un pergamino en su mano derecha y jugando con un shuriken en su mano izquierda. Él es tan atractivo, no hay nada de Sasuke Uchiha que a mí no me guste.
—La comida está lista —Avisé desde la puerta, sonriéndole cuando me miró— Vamos a comer Sasuke-kun.
Él asintió, dejando el pergamino sobre el escritorio y el shuriken colgando en una repisa donde tenía otros de colección. Llegó hasta mí, besándome castamente y tomando mi mano para dirigirnos hacia el comedor. Sonrió levemente al notar la salsa roja que tiene el pollo, es amante de los tomates y a mí me encanta complacerlo.
Comimos en una plática trivial, de ciertos temas sobre la aldea o las últimas misiones que hemos realizado. En algún momento también comentamos sobre lo que están haciendo ahora nuestros amigos, aunque a él parece no interesarle tanto.
—Shikamaru-san y Temari-san, están planeando su boda. Creo que será en la aldea de La Arena, puesto que Temari-san vivirá luego aquí quiere realizar la boda en su tierra natal. Aunque no es algo seguro… —Le comenté mientras comía un poco de ensalada.
—Significa, que para su boda habrá que atravesar el desierto en un viaje de tres días —Dijo como si nada, inexpresivo. Asentí ante su deducción, era lo que tendríamos que pasar para asistir a su boda. Porque todos, incluido Sasuke, estábamos invitados. A mi novio no le interesaba asistir a la boda, pero saber que yo iría fue su motivo para cambiar de opinión. Según sus palabras: No permitiré que ningún imbécil se propase contigo al verte tan malditamente hermosa, como seguramente lo estarás. Además, no puedes ir a una boda con alguien que no sea tu novio—. En dado caso que sea así, quiero que me avises cuando viajarás, y si alguien de tu clan te acompañará, para saber cómo proceder.
—Lo haré Sasuke-kun.
Terminamos de comer, Sasuke lavó los platos sucios mientras yo nos servía un trozo de tarta y lo llevaba a la sala. En pocos minutos Sasuke se unió a mí y disfrutamos de nuestro postre. Continuamos hablando, mientras reposábamos. Pero al posar mis ojos en las puertas corredizas que daban hacia el jardín, me acordé que llevo un par de días sin atender a mis plantas. Las que yo sembré y he cultivado desde que nuestra relación tomó un camino mucho más serio.
Mi novio me acompañó al jardín, sentándose sobre uno de los escalones del porche, observándome cuidar y regar cada una de mis plantas. A veces les hablaba, una vez leí que eso tenía un efecto positivo en ellas, además así lograba hacer reír un poco al frío vengador.
Me gusta mucho estar aquí, Sasuke me ha permitido moldear el jardín a mi gusto, y ahora crecen una variedad de flores en los alrededores, además que tener alguna que otra decoración de jardín. Compramos una vez un par de sillas de madera para exterior, junto con una mesa redonda que ahora descansa bajo un frondoso árbol y en el que a veces nos sentamos a comer, o tomar el té en la tarde. Fue un poco complicado ir los dos a elegir lo que queríamos, puesto que no podíamos ser vistos juntos o sería sospechoso, pero de alguna manera lo logramos y se convirtió en una experiencia única, a pesar de ser una actividad tan simple.
—Creo que cada vez, estas flores se ven más hermosas —Comenté sentándome a su lado, y dejando a mi lado la pequeña regadera a la cual le había pintado el símbolo Uchiha a mano.
—Eso es porque eres tú quien las cuida —Me dijo sin mirarme, observando el jardín a detalle— Yo no habría podido lograr esto. Creo que ni siquiera lo habría intentado.
Suspiré. Apoyando mis manos hacia atrás y extendiendo mis piernas.
—Que suerte que me tienes a mí —Hablé en voz baja, sonrojada, pero sé bien que me escuchó.
Su sonrisa ladeada no se hizo esperar.
—Tengo suerte de tenerte, y no solo porque le has dado vida a mi jardín o a mi casa… —Giró su rostro hacia mí, esperando hasta que lo miré de vuelta— Tengo suerte de tenerte, porque me has devuelto la felicidad que hace mucho no sentía.
Jadeé ante sus palabras. Sé que Sasuke no es el mismo hombre seco con el que comencé una relación furtiva, pero sus demostraciones afectivas suele hacerlas con hechos y no tanto con palabras. Por eso cada vez que dice algo como esto, es inevitable que mi corazón se agite. Son momentos que atesoro, y agradezco de tener la confianza de Sasuke para que pueda sentirse seguro al decirme estas cosas.
De ser vulnerable por un instante ante mí.
—C-creo que s-somos dos que tenemos suerte, entonces —Me regaló otra de sus sonrisas, antes de acercarse a mí y besarme lentamente. Sentí mi cuerpo reaccionar ante ese suave gesto, y como mi interior se agitaba por la inmensidad de mis sentimientos hacia Sasuke Uchiha.
—Es momento de darnos un baño —Apenas procesé sus palabras cuando ya me tenía en sus brazos y caminaba hacia adentro de la casa. Sonreí por el significado oculto de sus palabras.
Por su puesto que nos ducharíamos, pero antes haríamos algo mucho más… placentero.
Me sonrojé.
…
Estaba anocheciendo cuando los dos escuchamos que tocan la puerta. Había pasado todo el día con Sasuke-Kun como quería. Y ahora, después de nuestra cena, nos encontrábamos en la sala de estar, yo leyendo uno de mis libros y él revisando sus pergaminos, mientras toma el té que le preparé sin azúcar. Es tan perfecto poder pasar nuestro tiempo así, tranquilos, sin que se vuelva tedioso o monótono. Ambos disfrutamos de la paz que surge cuando estamos juntos, y no necesitamos pretensiones para el tiempo que compartimos.
En un principio pensé que podía parecerle aburrida, hasta que él me confesó que le gustaba la tranquilidad que yo le brindaba.
—Iré a ver quién es, no te muevas de aquí.
Asentí quedándome en mi lugar y viéndolo desaparecer por el corto pasillo hasta la puerta.
—¿Qué hacen aquí? —Sonreí ante el fastidio en su voz. Sasuke puede ser muy seco cuando quería.
—Queremos invitarte a comer —Indudablemente es la voz de Sakura-san, siempre utiliza ese tono meloso con mi novio, que no me agrada. Me hace sentir incómoda.
—¡Así que vamos bastardo! ¡Tengo hambre, de veras!
Oh, era su equipo. Realmente no quería que se fuera pero ellos normalmente buscan a Sasuke-kun para que no esté solo, y pase tiempo con ellos, y reconozco que muy pocas veces él accede a ir. Quizás porque está conmigo, ya no está solo. Sin embargo, debería poder compartir con sus amigos, a quienes considera parte de su familia.
—No puedo, estoy ocupado.
—Vamos Sasuke, ¿No quieres pasar tiempo con tu equipo? —¿Ese era el sexto? Vaya, están todo el equipo 7.
—No -Suspiré ante la descortés, pero sincera, respuesta de mi novio.
Nadie nunca se imaginaría que este serio y frío hombre puede ser amoroso cuando estamos a solas.
—¿Por qué prefieres estar solo, Sasuke? —Escucho que le dice Naruto, algo más desanimado.
—Yo no dije que estuviese solo.
Abrí mis ojos con sorpresa, cerrando mi libro y dejándolo a un lado. Es la primera vez que deja entrever que está con alguien, y no sé si sentirme emocionada o nerviosa al respecto.
Después de eso lo siguió un silencio, seguramente estaban atónitos.
-¿A-alguien está contigo?
-Sí, Sakura -Respondió él, dejando claro que comenzaba a irritarse- Y quiero que se larguen, ahora.
-Sasuke… ¿Quién está contigo, eh? -Oh, cielos. Ni siquiera estoy frente a ellos, pero la ligera burla en la voz de Naruto me avergüenza. Cubro mi rostro y me pongo de pie de manera brusca, golpeándome torpemente con la mesita de centro que Sasuke tiene en su sala, y cayendo después de rodillas sobre la alfombra. Es imposible que no hayan escuchado el estruendo-. ¿Qué fue eso?
El sonido de un portazo resonó en toda la casa, y en segundos tenía a Sasuke frente a mí analizándome. Apoyé mis manos sobre el sillón a mi lado para darme impulso y pararme. Tenía un tono rosado en mis rodillas por el golpe, lo cual combinaba perfectamente con el sonrojo de mis mejillas.
Suspiré avergonzada de mi torpeza, desviando mi mirada a cualquier lugar que no fuera ese único ojo negro que su cabello dejaba ver. Me mantuve en mi lugar aún cuando sus pasos se acercaron a mí, sus manos se posaron en mis hombros y se quedó en silencio. Sé lo que está esperando, pero me siento muy avergonzada como para mirarlo en este momento.
Gruñó cuando volvieron a tocar la puerta de la casa, y ahí entendí que se las había cerrado en la cara a su equipo. Todo por mí.
Con timidez levanté levemente mi rostro, mirándolo a través de mis pestañas. Sasuke mantiene su rostro inexpresivo, pero he llegado a conocerlo tanto, que logro ver más allá de lo que muestra. No es difícil identificar la interrogante que resplandece en su mirada. Suspiré otra vez.
-S-solo me tropecé -Le aclaré, escuchando las quejas de Naruto afuera de la casa-. No me fijé bien, y caí.
Bajé la mirada, jugueteando con mis dedos. Este hombre siempre me pone nerviosa, al mismo tiempo que me da paz. Es confuso pero muy gratificante y agradable.
-Te lastimaste -No fue una pregunta, pero igual negué con mi cabeza, mirándolo nuevamente. Él solo arqueó una de sus cejas, no de acuerdo conmigo- Tus rodillas están marcadas.
-No me duele Sasuke-kun, estoy bien -Le sonreí colocando mis manos en su fuerte pecho, y girando mi rostro al lugar de donde proviene todo el alboroto que perturba la usual tranquilidad en esta casa- Mejor ve con tus amigos, n-no creo que paren hasta que salgas.
Sasuke rodó los ojos, hastiado, y yo solo pude reír ante esta actitud infantil.
-Espérame en nuestra habitación -Besó mis labios antes que pudiera rebatir el nuestro, y se encaminó por segunda vez hacia el recibidor, abriendo la puerta de mala gana.
-¿Qué quieren? -Su molestia no la ocultó. Pero no tenía caso decirle nada, Sasuke es así y así fue como me enamoré de él.
Obedeciendo lo que me dijo, dirigí mis pasos hacia la escalera, procurando no ser vista por las visitas inesperadas. Cosa que mi novio ya había solucionado, colocando su cuerpo como escudo entre el poco espacio que daba entre la puerta y la pared, impidiendo que su equipo no pudiese ingresar al lugar, o siquiera lanzar una que otra mirada curiosa.
-Lo mejor es dejar a Sasuke solo… debe estar muy ocupado -La insinuación del Sexto Hokage me hizo sonrojar, casi causando que me volviera a tropezar, pero esta vez con los escalones. Por suerte me sostuve antes de que ocurriera un accidente.
-Lo estoy Kakashi, así que agradecería si se largan de una vez…
Dejé de escuchar al llegar arriba, y gira por el pasillo hacia la derecha, donde se encuentra el dormitorio principal. Entré cerrando la puerta tras de mí y observando todo el espacio tan familiar para mí. Sonreí al encontrar en la mesita de noche al lado de la cama, una fotografía de nosotros dos juntos, que yo misma había enmarcado y se la había regalado, luego de que se pusiera celoso al ver que en mi cuarto yo tenía fotos con Shino y Kiba. Claro que no podía tener una foto de él en mi habitación, Hanabi y varios sirvientes de la Mansión Hyuga entraban ahí y fácilmente podrían verla. Pero Sasuke decía tanto que este es mi hogar, que pude persuadirlo al decirle que ahora los dos teníamos una foto en nuestra habitación.
Y no era mentira.
A lo largo de nuestro tiempo juntos, Sasuke había recolectado varias de mis pertenencias en esta habitación. Al principio fueron unas pocas prendas que dejaba olvidadas cuando me bañaba aquí en su casa, o también alguna que otra arma ninja. Después, cuando me buscaba en mi habitación, a veces se traía pijamas, peluches, o incluso mis lociones corporales, justificando que lo necesitaría. Solo que después no me los regresaba.
Sin darme cuenta, cada vez que hacía sus compras integraba también mis cosas de aseo personal, o los rollos de canela que tanto me fascinan. Mi ropa comenzó a aumentar su volumen dentro de su armario, ya tenía incluso mi lado con camisas, pantalones, vestidos y zapatos. Mis armas, tenían un sitio especial junto a las de él en su dojo. En la cocina, él se había encargado de dotarla con todos los utensilios que yo utilizaba, y colocó un pequeño perchero adherido a la pared, para mis delantales. Poco a poco, Sasuke me estaba mudando a su casa, con la simple explicación de que no era su casa, sino nuestra casa. Y yo no estaba haciendo nada por detenerlo.
No podía, internamente me encanta ver cómo ese misterioso e inexpresivo hombre me demuestra que me quiere en su vida. Es que más claro no podía ser. Y yo no quería más que rendirme a sus exigencias y de una vez por todas dejar de ocultarnos, dejar ver que soy su mujer. Solo pensarlo me hace sonrojar.
Pero no podía, sé los alcances de mi clan, y no puedo permitir que atenten contra Sasuke. Su aceptación en las cinco grandes naciones depende mucho de su comportamiento, además del apoyo de los líderes de los clanes. Y si un clan tan poderoso y antiguo como los Hyuga se rebelaban contra él de manera directa, no sé qué efectos pueda tener.
Suspiré sentándome sobre la cama. No quería pensar en eso ahora. Hoy tuve un buen día con Sasuke-kun, y no lo empañaría con problemas que todavía no han surgido.
Volví a mirar la habitación, y fue inevitable sonreír ante la confirmación de que definitivamente siento esta casa más como un hogar, muy diferente al sentimiento que me inspira la fría e imponente mansión Hyuga. En especial por la presencia de cierto hombre de cabello oscuro, y ojos bicolores.
Y como si lo llamara, apareció en la habitación con cara de pocos amigos. Mi sonrisa se hizo más grande, al imaginar lo molesto que estaba por la interrupción de su equipo. A mi no me engaña, sé que los quiere. Sin embargo, también sé que odia las interrupciones cuando estamos juntos.
-Ya se fueron -Me informó caminando hacia el vestidor y saliendo a los pocos segundos en nada más que unos boxers dejándome ver casi completamente su muy trabajado cuerpo.
Me era imposible apartar la mirada de su cuerpo. Sasuke tiene un cuerpo fuerte, con músculos por su actividad como ninja, además es muy alto y tiene un porte intimidante. Ya sea por su personalidad, cuerpo u ojos, el lugar a donde llegara Sasuke siempre imponía respeto, o quizás miedo, pero una cosa era segura, nadie querría estar en su camino o llevarle la contraria. Y yo, que ahora conozco mucho más de ese despiadado vengador del que todos hablan, no me veo afectada de la manera en que todos los demás lo hacen, no, yo me veo afectada en otro sentido que me resulta mucho más placentero… a pesar de que suele avergonzarme.
¿Y cómo no hacerlo?
Si solo lo miro y ya lo anhelo cerca de mí. Justo como lo hago ahora, que lo veo acercarse lentamente, con una mirada determinada, de cazador, y estoy segura que yo soy su presa. Tragué saliva al entender lo que ahora sucedería, esperándolo sentada en la cama a que viniera por mí. Sonrojada.
Él sonrió de lado.
-Parece que mi dulce novia espera al demonio -Se burló, posicionándose frente a mí, haciendo que me recostara de la cama aún con mis piernas colgando hacia el piso. Subió una de sus rodillas en la cama para apoyarse, y colocar ambos de sus brazos a cada lado de mi cuerpo para atraparme. Estoy a su merced y él lo sabe. No me ha tocado todavía y ya estoy nerviosa, expectante, con mi respiración acelerada-. Nena, mira como tu cuerpo reacciona a mí -Gruñó mientras enterraba su nariz en mi cuello, solo acariciándome muy suave, y chocando su aliento con mi piel, erizando todo a su paso. Depositó un casi imperceptible beso en esa zona, pero que fue suficiente para aferrarme a las sabanas de la cama y arrancar un jadeo de mis labios. No sé cómo puede controlar tanto mi cuerpo, todo lo que quiere de mí lo obtiene- Me complace tanto que reacciones así, no puedo dudar que eres enteramente mía.
Sus ojos se encontraron con los míos, y quedé sin aliento ante la visión del Rinnegan. Ese ojo, aunque sea diferente, no le quita su atractivo a Sasuke, al contrario, cada vez que lo veo recuerdo todo lo que este magnífico hombre puede hacer, y me maravillo al saber que es mío, y lo tengo solo para mí.
Avergonzada por mis pensamientos, desvío la mirada hacia cualquier otro punto de la habitación. Sin embargo, eso no dura mucho.
-Mírame -Ordenó con su viril voz, estremeciéndome. Obedecí volviendo a mirarlo como él quería- Quiero tus ojos en mí -Dijo, separando mis piernas con su rodilla- Quiero que siempre los tengas en mí Hinata -Su mano derecha se encargó de subir la falda larga que traía puesta, acariciando perezosamente una de mis piernas, hasta enrollar la tela sobre mis caderas- No quiero que tus preciosos ojos miren a ningún otro hombre de la manera en la que me miran a mí, ¿Lo entiendes? -Su pregunta me descolocó unos segundos, no podía procesarla cuando sentía su mano rompiendo las bragas que llevaba puesta. ¿Cómo quiere que responda si me está alterando de esta manera? Ante mi silencio, Sasuke introdujo dos de sus dedos en mi sexo, provocándome un grito de placer y dolor debido a lo abrupto de su acción- ¿Lo entiendes? -Asentí entre jadeos, cerrando los ojos con fuerza por lo abrumador de las sensaciones- Necesito que lo digas nena.
-L-lo e-entiendo -Gemí al sentir su dedo presionando suavemente mi clítoris. Abrí mis ojos solo para encontrarme con su sonrisa de superioridad. Sentí el calor en mis mejillas, mis jadeos y gemidos seguían saliendo por las constantes entradas y salidas de sus dedos-. S-Sasuke-kun.
-Hinata -Enterró su rostro en mi cuello, mordiendo el lóbulo de mi oreja para después susurrarme- Me vuelves loco cada vez que gimes mi nombre.
Después de decir eso, Sasuke no perdió tiempo en quitarme cada una de mis prendas de ropa y la única suya. Para reclamarme como tantas veces lo ha hecho, uniéndose a mí con estocadas fuertes, rápidas. Besando la piel que podía alcanzar con su boca sin dejar de arremeter contra mí, mordiendo mi cuello para dejar las marcas que tanto le gustan, y arrancarme gemidos, incluso gritos, con las acciones que hacía.
Sasuke sabe como hacerme olvidar el mundo, y que mi atención esté solo en él. Y yo lo amo con todo mi ser. Amo a este frío y despiadado hombre, que conmigo es tan diferente. Y mi propósito es hacerlo tan feliz como pueda.
